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Susurro a la esperanza

Susurro a la esperanza

"Cuando alguien que acabo de conocer me pregunta a qué me dedico ya no me cuesta decirle que escribo columnas"

Los Reyes Magos me regalaron hace un año un libro que tiene una pinta exquisita. Se trata de un recopilatorio de las mejores columnas de Fernando Aramburu, el autor de Patria. Todas organizadas por temática y categorías. Todas con una extensión similar.

Qué envidia siento. No he querido empezarlo desde que lo tengo. Sé que me va a maravillar y hundir al mismo tiempo. Maravillar porque aprenderé mucho y me lo pasaré genial leyéndolo. Y hundir porque voy a comprobar una vez más cómo me invade el sentimiento de inutilidad por lo que estoy haciendo. Sobrevolará una vez más la pregunta de qué sentido tiene que escriba cada dos semanas aquí y trate de hacer algo con lógica si ya hay muchos, muchísimos, que lo han hecho, lo están haciendo y lo harán infinitamente mejor que yo.

Hace unos meses comentaba en una columna algo que le leí a Tamara Tenenbaum. Decía que imaginaba sus textos como un todo que publicaba parte por parte. Que tenía una lista de temas que iba tratando. Ese día escribí que no sabía cuáles son mis temas maestros pero que debía ponerme a buscarlos. Y que uno de ellos, el tema troncal, tenía que ser la ilusión.

Hoy ya ha pasado un buen tiempo. Concretamente, casi cuatro meses. Aún tengo los problemas de los que me quejaba tiempo atrás. Son batallas que uno pospone o treguas que se concede a sabiendas que solo servirán para recuperar el filo de sus espadas. Son dolores punzantes en la zona alta de la espalda. Pero se consiguen encontrar posturas o ejercicios que palian el dolor. Cuando me siento a escribir o a pensar sobre qué escribir me sigue costando encontrar algo. Siempre costará. Pero al menos sé que saldremos al paso con estilo de sobra. Que aunque no sea Fernando Aramburu ni pueda organizar las columnas por varias temáticas no hacemos baladismosni trivialidades.

Ahora ya sí creo que hago bien las cosas. Incluyo en mi rutina el tener que escribir las columnas como algo natural y no como acontecimiento subrayado. Creo que eso lo dice todo. Cuando alguien que acabo de conocer me pregunta a qué me dedico ya no me cuesta decirle que escribo columnas. Sigo teniendo que matizar un poco la respuesta porque siguen poniendo la misma cara de sorpresa, con los ojos muy abiertos. Como si un niño les hubiera dicho que quiere ser notario de mayor. Es imposible no hacer más preguntas.

No necesito rituales ni momentos especiales del día para ponerme a pensar la columna. Se va pensando y construyendo en cualquier lugar y a cualquier hora. Aparece de improviso. Esta se está gestando una tarde a las cinco y media, un poco antes de ir a tomarme algo con mis amigos. Hablábamos de la ilusión, y la ilusión es eso. Esperar siempre algo mejor y tener la fe de que terminará llegando. Incluso cuando las cosas vayan bien hay que tener ilusión por lo que pueda venir todavía.

Me di cuenta de que muchas de mis columnas terminan con un susurro a la esperanza. Como soy yo. Siempre pensando que queda algo después de que el todo se marche. Me quedan unos seis episodios de Six Feet Under, una serie que empecé hace meses sin saber que se convertiría en mi favorita. No quiero terminarla pero sé que cuando lo haga podré ver las cuentas de Twitter e Instagram acerca de ella para recordar escenas o repostear frases y diálogos. Una de las mejores partes de ver una serie es hablar sobre ella.

Siempre nos quedará la ilusión. El día que me publiquen un libro recopilatorio de mis columnas se llamará así.

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