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El atractivo del perdedor frente al triunfador efímero

En el encuentro han participado el escritor Juan José Flores; la escritora, poeta y crítica cultural Bárbara de Mingo; la directora de cine documental Arantxa Aguirre, y el actor y ganador del Goya al Mejor actor de reparto Miguel Rellán

El atractivo del perdedor frente al triunfador efímero

En el encuentro han participado el escritor Juan José Flores; la escritora, poeta y crítica cultural Bárbara de Mingo; la directora de cine documental Arantxa Aguirre, y el actor y ganador del Goya al Mejor actor de reparto Miguel Rellán

En el encuentro han participado el escritor Juan José Flores; la escritora, poeta y crítica cultural Bárbara de Mingo; la directora de cine documental Arantxa Aguirre, y el actor y ganador del Goya al Mejor actor de reparto Miguel Rellán

El pasado miércoles, 9 de junio, Cultura Commodore celebró uno de sus ‘Desayunos’ en torno al atractivo de los perdedores, a propósito de la puesta de largo de El combate interminable (Navona), del escritor Juan José Flores, al que han acompañado la poeta y crítica literaria Bárbara Mingo; la directora de cine documental, Arantxa Aguirre, y el actor y ganador del Goya al Mejor actor de reparto, Miguel Rellán.

El responsable de Cultura Commodore, David Felipe Arranz, ha abierto el debate comentando cómo la obra “perfecta” no existe y que muchos autores coinciden en que el arte es un constante “work in progress” que nunca se da por finalizado: “en ese sentido, la novela de Juan José Flores proporciona una ocasión excepcional al lector para pensar en su propia vida, el concepto de éxito y las metas que nos fijamos cada uno”.

Juan José Flores ha asegurado que en realidad, una novela como El combate interminable, “es solo una propuesta, la de un libro entre tantos posibles, en la que propongo algo, que es en realidad la mitad de un símbolo que el lector ha de completar con la aportación de su combate interminable particular”. La lucha por la vida es la de un boxeo, porque para Flores “hay un momento en que uno boxea contra su propia sombra”. La novela, que parte de personajes reales, como el boxeador Josep Gironès, un ídolo de masas en la década de los años 30, o el escritor Jorge Luis Borges, que pasó por Barcelona en 1980, es un trabajo “de arqueología”, a decir de su autor. “Quería saber por qué la familia de Gironès lo adoraba, a pesar de las calumnias que se vertían contra él”. Por otro lado, expresó sus dudas sobre aquellos que se proclaman vencedores: “en la vida nunca ganas nada en sentido estricto y personajes como el boxeador de Rocky se inspiran en púgiles reales, como Chuck Wepner, que tuvo un golpe de suerte frente a Muhammad Ali gracias a su persistencia”.

Miguel Rellán ha conentado que con el arte y las obras “nunca se sabe”, ya que no existen certezas: “la mitad de la belleza depende del paisaje; la otra mitad, del hombre que lo mira”, glosó citando al escritor chino Lin Yutang. Para Rellán, la obra nunca está completa y comparte con escritores Gabriel García Márquez el pensamiento de que “las novelas nunca se acaban, sino que se las arrebatan a los escritores”. Para Rellán, las derrotas engrandecen a las personas y a los personajes: “la melancolía, la grandeza de la derrota, definen una ética, y a mí eso me interesa mucho, como la de aquel boxeador infatigable que se retiró sin ganar ninguno de los 625 combates en los que participó”.

Por su parte, Bárbara Mingo cree que el libro siempre posee un carácter anticipador: “la lucha de la creación y la de la propia vida no se puede resolver, porque nada puede resolverse del todo; un combate es una lucha entre dos iguales, pero las tribulaciones artísticas y las vitales son las de uno mismo con sus inhibiciones”. Para la poeta, la clave es resistir y el talento, ya que “puedes trabajar, ser muy constante y no despuntar nunca, así que la clave está en aunar talento, constancia y suerte”. La figura del perdedor, en opinión de Mingo, “está muy reconocida, pero lo que no está tan subrayado es el placer, el gozo de la creación y de incluso el vivir mismo”. Recordó poetas como Hölderlin o Rimbaud, que superada la juventud, abandonaron la poesía, porque “la poesía es algo religioso y desde pequeños la sociedad y el sistema inspiran contra la creatividad y la imaginación individuales, fijando normas para que se pueda uno adaptar al mundo”.

El atractivo del perdedor frente al triunfador efímero 1

El éxito efímero y la prueba del público

Por último, la cineasta Arantxa Aguirre ha señalado la importancia del romanticismo de los personajes que pierden y ha revisado el concepto de éxito: “depende de la calidad humana de su protagonista; el éxito verdadero está en cosas más finas que el reconocimiento mediático y económico”. Para la directora, “hay registros de la vida maravillosos, como los que aparecen en esta novela, ya que uno de los fines de la ficción es contar los muchos registros de la vida y el lector o espectador precisamente ha de ir a buscar esos momentos a las obras de arte”. Según Aguirre, lo importante es la experiencia, la memoria, el recuerdo… “que le quiten lo ‘bailao’ al personaje, porque eso es todo un patrimonio”. En este sentido, para Juan José Flores sí hay una cierta búsqueda de reconocimiento por parte de todos los autores, porque si no, la obra de arte no existiría, pero en realidad “el verdadero éxito está en el combate, que depende de la índole de cada uno”, ha asegurado.

Para Miguel Rellán, a diferencia del cine o de la literatura, el teatro o la música permiten hacer modificaciones y que la obra evolucione, algo que coincide con la opinión de Bárbara Mingo, para quien “el hecho de tener a alguien enfrente hace que de tener una intuición vaga de la obra, hagas finalmente el esfuerzo de materializarla. Es obligatorio que exista un público para que la obra exista, que es la que lo convoca”.

También Flores añadió la conciencia del autor de un público potencial, el destinatario ulterior de la novela, y su interés por la figura del perdedor, que en el fondo gana: “La victoria y la derrota, que es la que marca el éxito exterior, dependen de unas reglas; la caída interior, en cambio, sí depende de uno, si tras la caída uno está dispuesto a levantarse o a dejarse caer”, ha afirmado. En esta línea, Arranz recordó La caída para levantarse, de Francisco de Quevedo, un título atravesado por el estoicismo, que era un modelo de resistencia ante la adversidad propio del Barroco.

Flores completó esta visión con el comentario que le hizo un pianista de jazz en una ocasión, sobre que lo más importante eran “las horas de vuelo que requiere el oficio para destacar” y que incluso el perder nos puede salvar la vida en ocasiones. Rellán ha añadido que “la maestría viene precisamente del dominio y este de la repetición, una regla que puede aplicarse a todos los oficios”.

El pasado miércoles, 9 de junio, Cultura Commodore celebró uno de sus ‘Desayunos’ en torno al atractivo de los perdedores, a propósito de la puesta de largo de El combate interminable (Navona), del escritor Juan José Flores, al que han acompañado la poeta y crítica literaria Bárbara Mingo; la directora de cine documental, Arantxa Aguirre, y el actor y ganador del Goya al Mejor actor de reparto, Miguel Rellán.

El responsable de Cultura Commodore, David Felipe Arranz, ha abierto el debate comentando cómo la obra “perfecta” no existe y que muchos autores coinciden en que el arte es un constante “work in progress” que nunca se da por finalizado: “en ese sentido, la novela de Juan José Flores proporciona una ocasión excepcional al lector para pensar en su propia vida, el concepto de éxito y las metas que nos fijamos cada uno”.

Juan José Flores ha asegurado que en realidad, una novela como El combate interminable, “es solo una propuesta, la de un libro entre tantos posibles, en la que propongo algo, que es en realidad la mitad de un símbolo que el lector ha de completar con la aportación de su combate interminable particular”. La lucha por la vida es la de un boxeo, porque para Flores “hay un momento en que uno boxea contra su propia sombra”. La novela, que parte de personajes reales, como el boxeador Josep Gironès, un ídolo de masas en la década de los años 30, o el escritor Jorge Luis Borges, que pasó por Barcelona en 1980, es un trabajo “de arqueología”, a decir de su autor. “Quería saber por qué la familia de Gironès lo adoraba, a pesar de las calumnias que se vertían contra él”. Por otro lado, expresó sus dudas sobre aquellos que se proclaman vencedores: “en la vida nunca ganas nada en sentido estricto y personajes como el boxeador de Rocky se inspiran en púgiles reales, como Chuck Wepner, que tuvo un golpe de suerte frente a Muhammad Ali gracias a su persistencia”.

Miguel Rellán ha conentado que con el arte y las obras “nunca se sabe”, ya que no existen certezas: “la mitad de la belleza depende del paisaje; la otra mitad, del hombre que lo mira”, glosó citando al escritor chino Lin Yutang. Para Rellán, la obra nunca está completa y comparte con escritores Gabriel García Márquez el pensamiento de que “las novelas nunca se acaban, sino que se las arrebatan a los escritores”. Para Rellán, las derrotas engrandecen a las personas y a los personajes: “la melancolía, la grandeza de la derrota, definen una ética, y a mí eso me interesa mucho, como la de aquel boxeador infatigable que se retiró sin ganar ninguno de los 625 combates en los que participó”.

Por su parte, Bárbara Mingo cree que el libro siempre posee un carácter anticipador: “la lucha de la creación y la de la propia vida no se puede resolver, porque nada puede resolverse del todo; un combate es una lucha entre dos iguales, pero las tribulaciones artísticas y las vitales son las de uno mismo con sus inhibiciones”. Para la poeta, la clave es resistir y el talento, ya que “puedes trabajar, ser muy constante y no despuntar nunca, así que la clave está en aunar talento, constancia y suerte”. La figura del perdedor, en opinión de Mingo, “está muy reconocida, pero lo que no está tan subrayado es el placer, el gozo de la creación y de incluso el vivir mismo”. Recordó poetas como Hölderlin o Rimbaud, que superada la juventud, abandonaron la poesía, porque “la poesía es algo religioso y desde pequeños la sociedad y el sistema inspiran contra la creatividad y la imaginación individuales, fijando normas para que se pueda uno adaptar al mundo”.

El atractivo del perdedor frente al triunfador efímero 2

El éxito efímero y la prueba del público

Por último, la cineasta Arantxa Aguirre ha señalado la importancia del romanticismo de los personajes que pierden y ha revisado el concepto de éxito: “depende de la calidad humana de su protagonista; el éxito verdadero está en cosas más finas que el reconocimiento mediático y económico”. Para la directora, “hay registros de la vida maravillosos, como los que aparecen en esta novela, ya que uno de los fines de la ficción es contar los muchos registros de la vida y el lector o espectador precisamente ha de ir a buscar esos momentos a las obras de arte”. Según Aguirre, lo importante es la experiencia, la memoria, el recuerdo… “que le quiten lo ‘bailao’ al personaje, porque eso es todo un patrimonio”. En este sentido, para Juan José Flores sí hay una cierta búsqueda de reconocimiento por parte de todos los autores, porque si no, la obra de arte no existiría, pero en realidad “el verdadero éxito está en el combate, que depende de la índole de cada uno”, ha asegurado.

Para Miguel Rellán, a diferencia del cine o de la literatura, el teatro o la música permiten hacer modificaciones y que la obra evolucione, algo que coincide con la opinión de Bárbara Mingo, para quien “el hecho de tener a alguien enfrente hace que de tener una intuición vaga de la obra, hagas finalmente el esfuerzo de materializarla. Es obligatorio que exista un público para que la obra exista, que es la que lo convoca”.

También Flores añadió la conciencia del autor de un público potencial, el destinatario ulterior de la novela, y su interés por la figura del perdedor, que en el fondo gana: “La victoria y la derrota, que es la que marca el éxito exterior, dependen de unas reglas; la caída interior, en cambio, sí depende de uno, si tras la caída uno está dispuesto a levantarse o a dejarse caer”, ha afirmado. En esta línea, Arranz recordó La caída para levantarse, de Francisco de Quevedo, un título atravesado por el estoicismo, que era un modelo de resistencia ante la adversidad propio del Barroco.

Flores completó esta visión con el comentario que le hizo un pianista de jazz en una ocasión, sobre que lo más importante eran “las horas de vuelo que requiere el oficio para destacar” y que incluso el perder nos puede salvar la vida en ocasiones. Rellán ha añadido que “la maestría viene precisamente del dominio y este de la repetición, una regla que puede aplicarse a todos los oficios”.

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