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Proyecto Islero, el sueño atómico franquista que se gestó en Madrid

Proyecto Islero, el sueño atómico franquista que se gestó en Madrid

Afortunadamente, parece que las soflamas atómicas que llegan desde la infame guerra en Ucrania bajan su intensidad y, de momento, podemos seguir mirando al futuro sin esta espada de Damocles pendiendo sobre nosotros. En todo caso, hace unos años, concretamente en la década de los cincuenta del siglo pasado en adelante, esta amenaza nuclear era constante, derivada de las continuas promesas de aniquilación total que EE.UU. y la extinta Unión Soviética se dedicaban casi a diario. Por aquel entonces España empezaba a asomarse el mundo exterior, para lo bueno y para lo malo. Porque esa mayor exposición la convertía en objetivo de las superpotencias en todos los sentidos, también el militar.

Asimismo, la relación del régimen franquista con nuestros vecinos de Marruecos, que habían logrado su independencia de Madrid en 1956, era bastante tensa. En el seno del Gobierno de la época se temía que los marroquíes decidieran ‘reclamar’ Ceuta, Melilla y el Sáhara Occidental por la fuerza. EE.UU. ya había avisado que en caso de cualquier tipo de conflicto no tomaría parte a favor de España, por lo que no se podía contar con su ayuda. Y también seguía muy latente la idea de recuperar un papel importante en el tablero internacional.

Motivos más que suficientes para que, en 1963, se pusiera en marcha el Proyecto Islero, el cual debería culminar con la entrada de España en el reducido grupo de potencias nucleares: Franco quería su bomba atómica. Para tal propósito se encargó al general de división del ejército del aire Guillermo Velarde un informe secreto sobre las posibilidades reales de llevar a cabo tamaña empresa. El trabajo se dividiría en dos fases: la bomba atómica en sí, y la construcción de un reactor nuclear, la fábrica de los elementos combustibles y la planta de extracción del plutonio de los elementos combustibles sacados del mencionado reactor.

El CIEMAT, lugar clave para el desarrollo de la bomba

Unos años antes, en 1958, se inauguraba la actual sede del CIEMAT en plena Ciudad Universitaria, aunque lo hacía bajo el nombre de ‘Centro Nacional de Energía Nuclear Juan Vigón’. En este emplazamiento se construyó a posteriori el reactor ‘JEN-1’, gracias al cual se pudo producir en nuestro país una reacción en cadena automantenida. Se sentaban así las bases para que España fuera más independiente desde el punto de vista energético y fuera posible que prosperara la calidad de vida de sus habitantes.

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El reactor JEN-1 del CIEMAT

Por tanto, el lugar para construir la bomba estaba claro… y el tipo de artefacto, también. Se elaboraría a partir de plutonio 239, ya que sus costes eran mucho más bajos que una bomba de uranio 325. El incidente de Palomares, acaecido en 1966 y ‘gracias’ al cual se pudieron rescatar elementos de una bomba nuclear norteamericana, servía para apuntalar un poco más un proyecto que cada vez empezaba a ser menos disparatado.

Sin embargo, fue el propio Franco el que empezó a proyectar dudas hacia la bomba atómica española. Le preocupaba el hecho de que, antes o después, fuera imposible mantener en secreto un plan de semejante envergadura, y no quería arriesgarse a sufrir unas sanciones económicas que habrían sido fatales para el régimen. El dictador echó por tanto el freno al desarrollo físico del Proyecto Islero, si bien sí permitió que se siguiera avanzando en el plano teórico, desligándolo en cualquier caso de las Fuerzas Armadas.

Daba la sensación de que ahí podría morir el ‘sueño nuclear’, pero nada más lejos de la realidad. El 1 de julio de 1968 España no estaría entre las firmantes del Tratado de No Proliferación Nuclear, y casi a continuación se construía el mencionado reactor JEN-1 en la actual sede del CIEMAT. Hace algo más de cincuenta años, a escasos kilómetros de la Facultad de Derecho o de Medicina, se levantaba un reactor con capacidad de producir plutonio para las bombas, material que comenzó a obtenerse apenas un año después de su construcción.

Auge y caída del Proyecto Islero

En 1971, el Proyecto Islero volvía a estar más vivo que nunca. España ya producía plutonio en la central de Vandellós e incluso ya se había barajado el Sáhara como lugar idóneo para la realización de pruebas. Sobrevivió incluso a la muerte del dictador en 1975, llegándose a dictaminar la producción de bombas que se podría alcanzar: 23 anuales, elaboradas con los 140 kilogramos de plutonio que se generarían cada año. Pero a lo que no pudo sobrevivir el Proyecto Islero fue a la transición y a la brutal presión exterior, sobre todo por parte de de EE.UU., que amenazó con boicots económicos o el cese de envío de material necesario para la construcción de plantas atómicas.

El Proyecto Islero agonizaba y el golpe de estado de 1981 supuso la estocada definitiva. Un mes después de la toma del Congreso, el entonces Presidente Leopoldo Calvo Sotelo aceptaba las condiciones de Estados Unidos y sometía sus instalaciones al control de la Agencia Internacional de la Energía Atómica, lo que suponía seguir recibiendo tecnología estadounidense pero acaba de facto con las esperanzas de desarrollar una bomba atómica. El punto y final llegó en 1987, cuando el PSOE firmaba el Tratado de No Proliferación como parte del acuerdo para la integración en la Comunidad Económica Europea.

Así que, la próxima vez que paséis por la Avenida Complutense y levantéis la vista, tendréis a sólo unos metros el lugar exacto en el que a los madrileños nos pudo haber ‘caído’ la bomba atómica.

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