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Joy: Érase una idea a una mopa pegada

La comedia ha sido y es la entrada en el mundo cinematográfico de muchos artistas, pero las circunstancias y los retos personales van variando según los tiempos y la necesidad...

La comedia ha sido y es la entrada en el mundo cinematográfico de muchos artistas, pero las circunstancias y los retos personales van variando según los tiempos y la necesidad de humor en la civilización actual. El cómico obtiene su inspiración de una visión cosmologica de lo que le rodea y debe ir adaptándote a otras circunstancias variables rápidamente. Sino tu humor se queda anticuado o empieza a menguar considerablemente. 

Aquellas historias que escribía o interesaban al director neoyorkino David O. Russell (obviando comienzos de los cuales no tengo recuerdo, tras la cámara), darían un deslumbrante resultado en el filme Tres Reyes (más prácticos que mágicos), que encabezaban un George Clooney disparatado en su cómodo status cómico, Mark Wahlberg con su bis y sin oso (disparado hacia el éxito) y un Ice Cube engullido por las arenas del tiempo.

Pero, Russell es un director que me desorienta al mezclar las situaciones más diversas o se desliga de los principales aciertos que mantuvo en esa y otras películas a continuación, The Fighter de nuevo con Mark y Silver Linings Playbook con la pareja protagonista de su última producción Joy.

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Joy es un cambio de registro del director, con menos gracejo ácido. Si bien es cierto que Russell mantiene ese estilo propio de anteriores trabajos (algunos cuestionados) intentando captar su brillo o colores característicos y retratar con simpatía a los protagonistas en su nacimiento, aunque no acabo de entender que nos quería ofrecer con esta historia. ¿Superación personal o éxito económico?

Mucho han girado sus escritos y aquella mirada romántica, hacia una situación más pragmática. Ahora, la percepción actual es dubitativa pues ha adaptado una novela sobre la vida de una joven desconocida para el gran público e interpretada por Jennifer Lawrence, estrella (no menos cuestionada en otras actuaciones) casi única en este filme. A pesar de tener grandes nombres a su lado como Diane Ladd, Isabella Rossellini, Virginia Madsen y un voluntarioso en recuperación del brillo de antaño, Robert De Niro. Del papel de Bradley Cooper, prefiero no hablar porque su participación es mera formalidad a mi parecer, o continuación de los anteriores trabajos juntos, esta vez con escasa repercusión en el resultado final.

¿Por qué David O. Russell se ha visto atraído por esta historia?

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De acuerdo, trata de una historia de superación, con un muchacha que tuvo que pelear por hacerse un hueco en la historia económica más televisiva de América. Una soñadora con infinitas ganas de triunfar ofreciendo sus inventos variados y caseros como utilidad efectiva a sus conciudadanos y una madre enfrentándose a un mundo dirigido por hombres en su mayoría… pero, resulta que emerge la figura de la triunfadora en la telebasura, o también llamadas teletiendas o engaño chino donde se improvisa una estrategia publicitaria para captar el dinero telefónico de adictos a los utensilios del hogar más variados, todos fabricados con calidad plástica de usar y tirar. En pocas palabras, el funeral de la inteligencia.

Realmente, este mundo no me interesa lo más mínimo y, por tanto, para mí es complicado entrar a fondo de la cuestión cinematográfica sin prejuicios o un frontal rechazo a estas cuestiones mercantilistas.

En Joy (a pesar de un principio tan prometedor como ilusorio) se establece esta importancia del triunfo monetario a toda costa, con un caso real y desenvuelto de atracción materialista sin límites. Como los sueños entre plexiglas y bayetas intercambiables de una madre sacrificada.

Entonces, todo el esfuerzo creativo (casi bebiendo de fuentes oníricas) del principio, se desvanece en un entramado de decorados y diálogos mecánicos, por lo que aparece la antipatía personal, ante el guion del propio Russell, perdonando a una actriz esforzada en esta ocasión (no merecedora de Oscar sin duda) y sobre la manipulación de los tiempos que acrecienta una desconexión en aumento. Por supuesto, se aprecia su cabeza para los negocios frente a las grandes corporaciones o los efectos del derecho comercial, pero un servidor ya se había desconectado muchos minutos antes.

La gratificación de momentos cumbres de la historia de la teletienda, no es lo mío, la verdad.

La cuenta de beneficios de Joy se va vaciando a medida que aumenta el volumen del bolsillo de su protagonista. Aunque al otro lado de este lucrativo negocio, especialmente abusivo de la televisión (como aburrido y monotemático), se halla su compañero de ´pupi-tres` habitual, desde El Lado Bueno de las Cosas y perdiendo la gracia acompasadamente en American Hustle… si bien en Joy, la estrella mediática y omnipresente es ella. No hay ni desdibujado amor, romántico ni idealizado, quedándose en un contrato multimillonario, retraído, en sentido emocional y en minutos que comparten en escena. Bradley y Lawrence de América, con su globo de oro a mejor actriz de comedia o musical, algo excesivo a mi parecer para una historia desértica. Con perdón.

De esa omnipresencia, se manifiesta su relevancia para lo bueno y malo, aumentando las legiones de fans o desprendiendo un cierto halo de antipatía que no le hace bien para su labor de intérprete, amasando recalcitrantes detractores para sus trabajos futuros y exigencias. Veremos si es capaz de enderezar esta corriente fuera de USA, pues próximamente se pondrá en manos de Spielberg, enfundándose su piel azul de Mística o en un curioso filme titulado Passengers. También, existen rumores de un nuevo proyecto de Darren Aronofsky junto a Javier Bardem, curioso… Como comprobaremos si gana de nuevo el Oscar a mejor actriz.

No me extiendo como una persiana de anuncio televisivo, Joy me resulta mecánica y poco atractiva. Su argumento, un obstáculo insalvable para mis pretensiones intelectuales o culturales. Vamos, un fregado interminable que, espero no sea más recompensado frente a otras candidaturas más sugerentes (de las cuáles iré hablando). Y aunque comparte focos con grandes estrellas o defiende la imaginación y la invención mental para triunfar, se disuelve en un cubo como un programa vacío de contenidos y diseñado para embaucar con objetos, más o menos eficaces o útiles.

Su sueño era ese. económico, a mil pasos de distancia de mi pasión por el cine. ¡No me pises lo ´fregao`, que te veo!

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