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A comienzos del mes de marzo celebramos el Día Mundial de la Vida Silvestre.

A estas alturas, cualquier ciudadano tiene la información suficiente para saber que la vida silvestre y la riqueza natural de nuestro planeta son joyas que estamos obligados, por nuestra propia necesidad de supervivencia, a proteger y conservar. Sin embargo, hace falta una mayor conciencia acerca de cómo eso influye en nuestro día a día.

La sobreexplotación, la falta de conservación o el derroche de los recursos naturales afectan directamente al equilibrio de nuestro entorno, a la posibilidad de abastecernos de los cultivos y la ganadería, a la disponibilidad de materias primas o al propio clima.

Afectan a los productos que podemos comprar en el supermercado, al precio que pagamos por el recibo del gas y de la luz, a la calidad del aire que respiramos a las plagas que sufren los campos o las explotaciones ganaderas y a la virulencia de las inundaciones, las sequías y las olas de calor que nos afectan cada vez con mayor frecuencia.

La ONU propone este año que nos fijemos de forma específica en la vida subacuática para tomar conciencia de lo que supondría convertir los océanos en un vertedero y acabar con los recursos marinos. ¿De qué nos alimentaríamos? ¿Cómo se regularía entonces la temperatura del planeta?

Cuesta muy poco ser cuidadoso con nuestras acciones diarias. Es cuestión de educación y constancia evitar el uso excesivo de plásticos, usar el transporte público y conducir de manera eficiente, fomentar el reciclaje, no dejar basura abandonada en el medio natural o reducir la temperatura de las calefacciones y los aires acondicionados.

Desde Ciudadanos hemos impulsado medidas como la elaboración de un protocolo anticontaminación coordinado en la Comunidad de Madrid, la promoción del vehículo eléctrico, una red de transporte público limpio y eficaz para movernos de manera más sostenible o un Plan Integral de Recuperación Conservación de los Ríos y Humedales que centre su acción en los ríos que discurren por el territorio de la Comunidad de Madrid y nos conectan con otros territorios, porque es evidente que las relaciones entre el medio ambiente y seres vivos no entienden de límites administrativos.

Es nuestro trabajo tratar de concienciar a todos los madrileños de que es posible consumir, vivir y progresar siendo respetuosos con el medio ambiente, con el ritmo de la naturaleza y con su capacidad para proveernos de recursos.

Vivir de una manera sostenible es la única forma de que nosotros y nuestros hijos podamos mantener, durante generaciones, nuestro querido planeta Tierra.


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