Madrid Central
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Desde que se puso en pleno funcionamiento en abril de este mismo año (y ya antes durante su periodo de pruebas) hasta el anuncio de su revisión por parte del nuevo gobierno del ayuntamiento de Madrid, se ha escrito largo y tendido sobre los pros y los contras y las virtudes y las desventajas de Madrid Central. Por tal motivo, no aspiro con este artículo a dar razones objetivas para posicionarse en este tema, ya que seguramente todos los madrileños las conozcan. Lo que busco es aclarar (y aclararme) las ideas con lo que esta medida ha supuesto, supone y supondrá para la ciudad.

Es obvio que las restricciones de tráfico en el centro de una gran urbe como Madrid son un quebradero de cabeza para infinidad de personas, empezando por los repartidores y acabando por los padres y madres que tienen que llevar a sus hijos al colegio, pasando por supuesto por cualquier conductor que tenga un vehículo que no sea eléctrico. Es, hablando en plata, una putada para cualquiera que se vea obligado a desplazarse en coche hasta esa zona.

Pero no es menos cierto que no tenía ningún sentido ver barrios como el de Justicia colapsados día y noche, dificultando no sólo el libre desplazamiento de los peatones, sino el día a día en general de aquel que tuviera que moverse por alguna de sus calles. Habrá quien diga que todos esos coches se han ido a áreas fuera de las ‘fronteras’ de Madrid Central, pero la realidad es que el tráfico por Serrano o Velázquez no es mucho más denso que hace un año por estas fechas y darse un paseo por el Barrio de las Letras es ahora infinitamente más gratificante que antes.

He aprendido a dejar aparcado mi vehículo en el garaje si me apetece ir a tomar una caña al centro, pero comprendo la frustración de quienes se preguntan qué hacen ahora con ese flamante utilitario que se acaban de comprar y que ya es un ‘apestado’ recién salido del concesionario, porque tiene una pegatina con la letra C en la luna delantera con la cual queda (o quedaba) desautorizado para circular por según que calles. Mientras, como no puede ser de otra manera, paga cada año el impuesto de circulación correspondiente.

De hecho, tampoco es justo para los propietarios de un coche de hace años una limitación de acceso. No es justo porque, tal y como he apuntado, siguen pagando todas las tasas religiosamente y no se les ha dado una alternativa válida. No tienen un descuento para comprarse un coche eléctrico y mucho menos una tarifa especial para moverse en car2go o en cualquiera de las empresas de movilidad eléctrica que existen en Madrid. Simplemente les han dicho ‘tu coche ya no vale’ y apáñatelas como puedas.

Es muy complicado por lo tanto situarse a un lado u otro, y creo sinceramente que Madrid Central no es cuestión de blanco o negro sino de encontrar el tono de gris adecuado. Porque tampoco debemos olvidar que de ese color es la principal razón por la cual se puso en marcha esta medida, ese gris con el que cada mañana nos despertamos dentro de la M-30 por culpa de la polución generada en una ciudad en la que cada vez llueve menos… y que aumenta de población cada mes.

Revertir Madrid Central sería un error. Muy grave. En primer lugar, por todo lo que se ha invertido. Y después, y quizá más importante, porque todas las capitales europeas están adoptando soluciones de este tipo para reducir la contaminación y Madrid debe seguir ese camino, incluso imponiendo áreas que abarquen cada vez más distritos para ver si, de esa manera, nos quitamos la boina para siempre.

Eso sí, hagámoslo bien. De una forma en la que no haya ni una sola voz que tenga motivos para protestar. Pero esto requiere tiempo. Mucho más que los tres meses de prueba que tuvo Madrid Central y que pillaron en fuera de juego a una sociedad que tiene un parque móvil con una media de edad de 12 años de antigüedad. Y también inversión, con una inyección económica que sea capaz de conseguir que sea raro ver un coche de combustión en el Paseo de la Castellana. Porque si se sigue prohibiendo sin dar alternativas el proyecto de Madrid Central será un moribundo esperando a recibir la estocada final más pronto que tarde.


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