Casa de Fieras
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Todos los que hemos crecido en Madrid, tendremos en nuestro álbum de fotos alguna instantánea tomada en el Zoo Aquarium. Se trata de uno de los lugares más reconocidos de nuestra ciudad y en sus instalaciones viven actualmente más de 6.000 animales de más de 500 especies diferentes. Sin embargo, el zoológico no siempre estuvo en el parque forestal de la Casa de Campo. Hasta hace no demasiado (los más mayores seguro que lo recuerdan), no había que salir del centro para ver a leones, tigres o elefantes. Y es que hasta 1972 todos ellos vivían en la Casa de Fieras de El Retiro.

Hay que decir, antes de entrar en detalles, que este no fue el primer zoológico madrileño, ya que el primero se remonta al siglo XVIII. Concretamente a 1774, año en que Carlos III inauguraba, muy cerquita del Jardín Botánico, un parque de animales como anexo al proyecto de Museo de Ciencias Naturales que estaba previsto ubicar en el edificio que actualmente alberga el Museo del Prado. Casi todos los especímenes procedían de las posesiones españolas de ultramar, especialmente de Sudamérica, aunque también había ejemplares procedentes de Filipinas o el norte de África.

A finales de ese siglo, poco antes de la invasión francesa, se ordenó el traslado de las instalaciones al parque del Buen Retiro, en un lugar próximo a la Puerta de Alcalá. Sin embargo, las cosas no empezarían bien en ese nuevo emplazamiento, ya que los años que sucedieron a la Guerra de Independencia (que comenzó en 1808) fueron nefastos para la Casa de Fieras. La falta de cuidado provocó la muerte de muchos de los animales y que las instalaciones quedaran en un estado deplorable.

‘La Leonera’ en la actualidad

En el año 1830, Fernando VII mejoró de manera sustancial el hábitat de los inquilinos del zoo y no sólo se trasladaron sus instalaciones a la zona adyacente a la actual puerta de Sáinz de Baranda, sino que hubo varias reformas y se construyeron nuevas estructuras. Una de las más importantes de la nueva ubicación de la Casa de Fieras eran las jaulas de los animales más peligrosos, ‘La Leonera’, las cuales formaban un octógono en cuyo interior habitaban los herbívoros y animales menos agresivos.

En 1868 se abrió el recinto al público (hasta entonces sólo los más cercanos a la familia real podían disfrutar de él), coincidiendo con la asunción de su gestión por parte del Ayuntamiento. Pero su mantenimiento era demasiado costoso y pocos años después se cedieron los derechos de explotación a un empresario circense, Luis Cabañas. Y su forma de llevarlo fue precisamente así, como un circo. De esa manera, a finales del siglo XIX y a principios del XX era posible ver en las calles de Madrid a cocodrilos tomando el sol o a un elefante dándose un baño.

Una de las guaridas de los osos

En 1918 el Ayuntamiento volvió a tomar el control de la Casa de Fieras, y poco tiempo después, con la Guerra Civil, regresarían los malos tiempos para el lugar. Otra vez el abandono llevó a la muerte por inanición de muchos animales, y no fueron pocos los ejemplares que sirvieron de alimento para la población que sufría hambre por la contienda. Pero volvió a resurgir de sus cenizas. Al no participar España en la Segunda Guerra Mundial, muchos de los animales de los zoos de ciudades europeas devastadas por las bombas fueron enviados al de Madrid. Los años 50 y 60 fueron los de su máximo esplendor, con miles de visitantes cada día y cada vez más especies.

Tanto es así que el espacio comenzó a quedarse pequeño, además del mal olor que se generaba, muy incómodo para las viviendas cercanas. En 1972 se procedió al traslado a las enormes y modernas instalaciones de la Casa de Campo, donde continúa en la actualidad. De esa antigua Casa de Fieras se conservan varias estructuras, como el Foso de los Monos, las guaridas de los osos o La Leonera, sede de una biblioteca municipal.

Así que, la próxima vez que vayáis al Retiro, prestad atención a todo lo que os rodea. No todos los días se pasa por los mismos jardines por los que hace sólo unas décadas se paseaba el ‘Rey de la Selva’.


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