/ 17 enero 2022
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San Javier, una pequeña plaza llena de historia

San Javier, una pequeña plaza llena de historia

Da igual que seas madrileño de pura cepa, que visites la capital de España por primera vez o que lleves viviendo aquí tres meses. Si hay un elemento que enamora de esta ciudad a cualquiera que pasee por sus calles son sus plazas. La tenemos clásicas como la Plaza Mayor, llenas de vida y bares como Santa Ana, que no alcanza la vista para ver el final como la de Oriente… Hay, en definitiva, posibilidades para todos los gustos. Tanto que algunas pasas injustamente desapercibidas, como es el caso de la considerada plaza más pequeña de Madrid: la de San Javier.

En pleno centro, y muy cerquita de la calle Segovia, se encuentra este encantador rincón que, pese a sus escasas dimensiones, encierra siglos de historia. De hecho, aparece en algunos planos de mediados del siglo XVII, por lo que seguramente se trate de uno de los últimos proyectos del conocido como “Madrid de los Austrias”. Es probable en cualquier caso que hubiera tenido, al menos el emplazamiento, alguna función mucho antes, ya que en unas excavaciones arqueológicas aparecieron restos islámicos datados entre los siglos XI y XII.

Sea como fuere, comenzó a cobrar protagonismo de inmediato, e incluso se atribuye su nombre a una imagen de San Francisco Javier que los miembros de la Compañía de Jesús habrían colocado en la fachada del edificio que ocuparon en el enclave. El escritor Eugenio d’Ors también vivió allí, concretamente en el desaparecido palacio de Revillagigedo. Igualmente sirvió de inspiración a otro literato, Ramón Gómez de la Serna, definió la plaza de San Javier como “un recodo de meditación en que se fragua lo muy madrileño”.

Las galerías subterráneas que discurren bajo su suelo fueron utilizadas en la Guerra Civil, sirvió de escenario para varios pasajes de la zarzuela Luisa Fernanda, y era adyacente al mítico Mesón de San Javier. Es, como vemos, un lugar único y muy pequeño. Pero al que quieres volver una y otra vez cuando has saboreado su tranquilidad.

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En pleno centro, y muy cerquita de la calle Segovia, se encuentra este encantador rincón que, pese a sus escasas dimensiones, encierra siglos de historia. De hecho, aparece en algunos planos de mediados del siglo XVII, por lo que seguramente se trate de uno de los últimos proyectos del conocido como “Madrid de los Austrias”. Es probable en cualquier caso que hubiera tenido, al menos el emplazamiento, alguna función mucho antes, ya que en unas excavaciones arqueológicas aparecieron restos islámicos datados entre los siglos XI y XII.

Sea como fuere, comenzó a cobrar protagonismo de inmediato, e incluso se atribuye su nombre a una imagen de San Francisco Javier que los miembros de la Compañía de Jesús habrían colocado en la fachada del edificio que ocuparon en el enclave. El escritor Eugenio d’Ors también vivió allí, concretamente en el desaparecido palacio de Revillagigedo. Igualmente sirvió de inspiración a otro literato, Ramón Gómez de la Serna, definió la plaza de San Javier como “un recodo de meditación en que se fragua lo muy madrileño”.

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