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La Cumbre del Clima COP25 celebrada en Madrid ha tenido entre sus muchos efectos positivos una mayor difusión de la Agenda 2030, quizá el acuerdo multilateral más importante para el desarrollo y el progreso mundial de lo que va de siglo.

En primer lugar, la Agenda 2030 aprobada en septiembre de 2015, incluye los diecisiete Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y, también, sus menos conocidos diez principios que recogen el respeto a los derechos humanos, laborales, la protección ambiental y la lucha contra la corrupción. Los primeros son el para qué, los segundos son el cómo. Simplificando, si considerásemos los ODS sin sus principios, el resultado sería una organización como algunas de las antiguas cajas de ahorros españolas, que tenían una importante obra social, pero cuya gestión se realizó sin observar las mínimas normas de buen gobierno corporativo, con el resultado que todos conocemos.

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En segundo lugar, los ODS no son solo de carácter ambiental ni están centrados exclusivamente en la cooperación al desarrollo. Al contrario, abordan de manera global los desafíos sociales, económicos y ambientales que debe afrontar la Humanidad. Esto es así gracias a que los objetivos han sido consensuados por gobiernos y administraciones, organizaciones no gubernamentales y corporaciones privadas de todo el mundo. ¿Porque acaso no son comunes muchos de los desafíos que debemos abordar? ¿No afectan a los madrileños los problemas sociales o el calentamiento global? ¿No son inabordables los retos ambientales si no se actúa multilateralmente?

Cabe destacar en tercer lugar, que en la consecución de esta agenda no intervienen solo actores públicos o privados. Muy al contrario, su éxito depende de la colaboración entre todos los agentes, sean poderes del Estado, empresas privadas o el Tercer Sector, por lo que la generación de alianzas cruzadas se ha constituido como un elemento emblemático del acuerdo.

La agenda del futuro no es, por tanto, una agenda que nadie pueda patrimonializar porque es de todos y para todos. Dudo por ello que la intención del gobierno de Pedro Sánchez al incluir el logo de los ODS en la sala donde celebra las ruedas de prensa tras sus reuniones en la Moncloa busque la difusión de estos objetivos, sino su apropiación. Por motivos similares, dudo de que partidos que por definición rechazan de forma visceral la colaboración público-privada puedan ser referentes de este acuerdo.  Dudo, en definitiva, que enfoques sectarios y partidistas sean la mejor herramienta para desarrollar este gran pacto mundial.

Por todo ello, desde Ciudadanos ofrecemos nuestra ayuda para trabajar sobre la Agenda 2030 desde el consenso, desde la mejora de las condiciones de vida de los ciudadanos de a pie, dejando a un lado la ideología. Será desde la colaboración y no desde la competición, con más alianzas y menos acciones unilaterales y de maquillaje, como lograremos alcanzar el mejor futuro para todos. Si un grupo de trabajo tan complejo y diverso fue capaz de redactar la Agenda 2030 y la Asamblea General de Naciones Unidas fue capaz de aprobarla, ¿no seremos capaces de aplicarla en España? Yo creo que sí.

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