Foto: EFE
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Echarnos la mano al bolsillo, sacar el teléfono y presionar un icono en una pantalla. Eso es todo lo que tenemos que hacer en la actualidad para ponernos en contacto con nuestros seres queridos, llamar a nuestro jefe después de una reunión fuera o simplemente charlar con esa persona a la que hace tiempo que no vemos. Pero, hace no demasiado, esto que ya consideramos como rutinario no era tan sencillo y solo podíamos elegir entre dos soluciones: el teléfono fijo de casa, siempre amenazado por las escuchas indiscretas de algún familiar, o la mítica cabina telefónica de la esquina.

Aunque ahora pasen desapercibidas y parezcan un elemento insustancial más del vasto mobiliario urbano, durante décadas fueron las tablas de salvación para miles de madrileños que necesitaban hacer una conferencia de urgencia. Algo que se convirtió en costumbre desde que en septiembre de 1928 se instaló en el “Viana Park” (ahora Florida Park) el primer, entonces, “teléfono de pago previo” y uso público.

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El primer teléfono público de prepago en España, instalado en el «Viana Park» de Madrid.

En aquella época el servicio estaba gestionado por la Compañía Telefónica Nacional de España (CTNE) y los aparatos, fabricados por la compañía americana Bell Telephone, funcionaban con fichas en lugar de monedas. Fue el germen de los 100.000 teléfonos públicos que llegó a haber en toda España, desde la Puerta del Sol hasta el último pueblo de la Sierra, desde los hospitales hasta los aeropuertos. A día de hoy solo queda un parque de 15.000 cabinas en el país, 987 en la ciudad de Madrid.

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Una estampa muy habitual hace solo unas décadas. Foto: Archivos de la Comunidad de Madrid

Y puede que no les quede mucho de vida, ya que la intención de Telefónica, empresa encargada de su mantenimiento, es retirarlas todas. Algo que hubiera hecho con total seguridad el 1 de enero de 2019 de no ser por el fallo del Tribunal Supremo, que obliga a la compañía a seguir con ese mantenimiento hasta 2021. La operadora había impuesto un recurso contencioso-administrativo contra el real decreto ley que aprobó el Gobierno en 2018 ,que le obligaba a la prestación del servicio de cabinas públicas de teléfono hasta el 31 de diciembre de 2019. Y, pese a ganarlo, se les exigió seguir dando este «servicio público» hasta 2021.

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Cuando las cabinas eran tan imprescindibles como hoy los enchufes para recargar la batería del móvil

Pero lo cierto es que cada vez tienen menos sentido, ya que muy poca gente hace uso de estos teléfonos y conservarlos es un «negocio» altamente deficitario. Telefónica estaría perdiendo unos cinco millones de euros anuales por mantener en servicio las cabinas que aún quedan en funcionamiento, cuando según los datos de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) un 88% de los españoles jamás ha hecho uso de alguna.

Ello se traduce en un uso residual de 0,57 llamadas por cabina al día, incluso mucho si tenemos en cuenta que más del ochenta por ciento de la población española tiene teléfono móvil y que en nuestro país ya hay más líneas que habitantes. Para un coste de mantenimiento superior a los dos millones de euros (unos 291 por cabina), las cuentas no salen.

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Foto: Flickr, Jacinta Lluch

En localidades como Jaén se ha decidido darles una segunda oportunidad, reconvirtiendo algunas de ellas en puntos de información turística al depender del Ayuntamiento. No parece el caso de Madrid. Ni siquiera las que quedan en la Puerta del Sol (el punto con mayor concentración de estos elementos de España), o la cabina que más recauda en todo el país (aunque nadie sabe cuánto), situada en la calle Hacienda de Pavones del barrio de Moratalaz, parecen destinadas a obtener algún tipo de indulto.

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La «cabina de Pavones». Google Maps

O quizá sí. Y es que en 2019 el guionista David Linares creó una petición en change.org para colocar en la capital una cabina en honor a Antonio Mercero, director de la genial pero inquietante película de la que todos sabemos el nombre. Tras conseguir 3.000 firmas, el anterior equipo de gobierno decidió colocar una réplica de la original en la plaza del Conde del Valle de Súchil, en el distrito de Chamberí, próxima al lugar donde se rodó la película. Sin embargo, el comentado fallo del Tribunal Supremo y, especialmente, la actual situación, han hecho que tal decisión todavía no se haya llevado a cabo.

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Las cabinas telefónicas están al borde de ser únicamente un recuerdo. ¿Qué habría sido de Superman si hubiera nacido en el siglo XXI?.

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