/ 16 octubre 2021

En Madrid todo el mundo es libre de morirse

En Madrid todo el mundo es libre de morirse

En ‘Los Santos Inocentes’ de Mario Camus y en su homónima de Delibes, se nos presenta con humor el bienestar perezoso de la clase dominante cuando los señoritos se ríen de manera estentórea y vacía, se ufanan por su condición de superioridad con una risa burlona y arrogante, celebrando la suerte de su vida descansada y plácida, que se contrapone al esfuerzo madrugador y al trabajo de los campesinos. Esa oposición descanso-trabajo ilustra la injusticia de una estructura social que asigna riquezas a las personas que no se esfuerzan por ganarlas.


Nada ha cambiado en 40 años, si acaso los personajes: la misma risa burlona y arrogante desde los escaños de la bancada popular y los mismos señoritos que exhiben sus prebendas de pirámides aztecas, oficinas del español y proyectos vacíos de contenido que sirven únicamente de carcasa para mantener la mamandurria liberal.


Si ya es de suponer que nadie en su sano juicio con un mínimo de experiencia en gestión de la cosa común vea lógico que una parcela dotacional para uso público se convierta en un pelotazo de amiguetes, mucho menos lo es que el proyecto siga adelante después del conocerse el bochornoso relato con luz y taquígrafos de la visita del concejal de Hortaleza a casa de Nacho Cano sobre el modo en que se gestó el proyecto, por llamar de algún modo a lo que es la entrega de un solar a dedo en condiciones que no son precisamente de mercado.


Lo que está claro es que nadie da duros a cuatro pesetas y que en política además de ser hay que parecer y esto no parece precisamente lo más riguroso, habiendo por cierto como hay un teatro municipal cerrado desde hace 10 años con 1000 butacas en el barrio del Pilar, el Teatro de Madrid, como recuerda Patxi Freytez.


Pero la verdad es que mientras los señoritos se siguen riendo y nos arrastran al debate inútil cuando le afean a Mónica García su peinado y forma de vestir, perdemos el foco de las cosas que importan, porque esta semana ha quedado claro que la derecha en su conjunto ha asumido las demandas de Vox de desmontar el andamiaje legal que tanto ha costado impulsar para la defensa efectiva del derechos a la igualdad y la libertad individual. Para muestra las votaciones en sede parlamentaria europea en las que el PP de Casado, en la misma semana, se abstenido de votar a favor de los derechos de las parejas homosexuales en Europa y de que la violencia de género sea considerada como un eurodelito. O la votación en la Asamblea de Madrid contra la propuesta de educar contra el odio y a favor de los derechos de quienes somos LGTBIQ+.


Señores, en Madrid sí hay homofobia, está en las propias instituciones y alimenta las agresiones en la calle.

Y legítima manifestaciones al grito de «fuera maricas de nuestros barrios». Es terrible, pero es real y se está impulsando desde las propias instituciones.

En Madrid todo el mundo es libre de morirse 1
Foto: © Francois Montoya

Miren, esto es absurdo. Personas que dicen abanderar la libertad están llevando a cabo el mayor recorte a la libertad en los últimos años y cada día hay más compradores para este disparate.


¿Libertad? No, esto no es libertad aunque lo llamen así sino otra cosa ¿Qué tiene de bueno la libertad para que uno viva donde no puede pagar el alquiler, estudiar lo que le interesa, costearse la matrícula, vivir abiertamente su sexualidad o caminar seguro por cualquier barrio de Madrid sin miedo…? En Madrid todo el mundo es libre de morirse. Y de tomarse unas cañas antes de hacerlo desatendido en una de sus plazas de residencias para mayores viendo Telemadrid. La realidad de este disparate es que la propaganda de libertad de los señoritos madrileños perpetua la desigualdad, separa y condena a los madrileños madrugadores a vivir peor.


Como dice Antonio Maestre, Madrid se está convirtiendo en un espacio de ocio y disfrute, un entorno de fiestas acabadas perpetuas donde el olor a meados, cerveza tirada y cascos esparcidos por la calle son el ambiente cotidiano.


Pero también han pasado cosas buenas esta semana, como la nueva subida del salario mínimo, que ha subido 230 euros desde 2018 como consecuencia de la presión de los sindicatos de clase y el papel de Unidas Podemos primero fuera y ahora dentro del Gobierno, aunque todavía está lejos todavía de nuestros homólogos europeos: a partir del 1 de octubre el salario mínimo en Francia ascenderá a 1.589,47 euros brutos mensuales para una persona a tiempo completo, es decir, una subida de 34,89 euros.


O la salvación de Madrid Central, que en cuestión de días habría quedado completamente anulado y que ahora sigue vivo gracias a los votos del equipo de Marta Higueras y José Manuel Calvo.


Cuatro concejales del equipo de Manuela Carmena que contra viento y marea después de varias sentencias judiciales a su favor y a pesar de Vox y de Rita Maestre han logrado validar la existencia de grupo mixto en el Ayuntamiento de Madrid desde el pasado 5 de abril.


Esto no ha acabado pese a lo que muchos creen, todavía habrá más ruido y porquería en el discurso público dominado por las risas de la clase dominante. Pero no nos equivoquemos, la gente entra sabiendo que esto es un disparate, sabe que es una burrada, que la política no puede ser un concierto de Britney Spears.

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