/ 4 diciembre 2022
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No me aviséis

No me aviséis

Hace poco me hablaron del proyecto Universal Poem. Consistía en un macro poema escrito por personas de todo el mundo que enviarían al espacio en código binario. No sé si será cierto el final, pero yo prefiero no saberlo y disfrutar de la ilusión de que podría serlo. Prefiero creérmelo y ser ligeramente más feliz que dudar de ello, buscarlo y matarme un poco al confirmar que era mentira.

Creo que a veces es mejor así. No preguntar y creerlo. Como los Reyes Magos o los combates de la WWE. Qué más me dará que no se peguen de verdad o que esté guionizado. Me da igual. Cada vez hay menos cosas naturales y reales. Hagamos la vista gorda y aumentemos esa lista de manera artificial. Lo explicó muy bien Hernán Casciari en uno de sus relatos. Decía que había comprado un terreno en la Luna -se puede hacer si buscáis la web Lunar Embassy- y que había colgado el certificado en su pared. Que sus amigos se reían de él porque le habían estafado tres mil pesos. Unos 25 euros. Y él decía que nada de eso, que el que había protagonizado la estafa era él. Que el dinero que se había gastado representaba una fracción del hipotético oro de EEUU que nadie vio nunca, y que él a su Luna la mira por la ventana siempre que se le antoja. Que no compró un terreno en la Luna, sino una ilusión y una historia.

Vivir engañados. En ocasiones se resume en eso. En la ignorancia está la felicidad, y el sabio suele ser el más infeliz. Recuerdo a mi yo de Bachillerato y de principios de la universidad que caminaba por la calle pensando que lo sabía todo. Tenía una explicación y una solución para cualquier problema. Y si no las encontraba es porque no había pasado suficiente tiempo buscándolas. Esa época era más sencilla. Creía que lo sabía todo. Portaba la ilusión del saber. Creía conocer el camino y cómo recorrerlo, solo necesitaba que me dieran el permiso para comenzar. A aquel Alberto le habría indignado darse cuenta de que estaba engañado. Pero agradecería la confesión porque le acercaría al saber definitivo.

Ahora, honestamente, prefiero que no me digan nada. Al menos en cosas no demasiado trascendentales. Si son de vida o muerte sí, por supuesto. Por lo demás, si me veis equivocado no me lo digáis. Prometo no predicar mis afirmaciones erróneas y comenzar las frases diciendo ‘creo que esto es así’ en lugar de ‘esto es así’. Juro no poner las manos demasiado tiempo en el fuego y no obligar a nadie a colocarlas conmigo. Ni siquiera pediré que venga alguien a curarme las quemaduras después. Supongo que tarde o temprano me terminaría enterando yo solo de que era un engaño. Cuando llegue para contároslo, no seáis demasiado hirientes si ya lo sabíais.

Ojalá os den ternura y no lástima mis revelaciones. Ojalá ser como esos abuelos a los que les seguimos la corriente para que estén tranquilos y felices. Ojalá no me encuentre ningún artículo o tuit diciendo que el Universal Poem era mentira. Ojalá no haber preguntado nunca nada a mis padres ningún siete de enero, pasada ya la magia. Ojalá no haberme cuestionado nunca nada sobre la verosimilitud de Wrestlemania o el Royal Rumble. Ojalá Hernán Casciari se mantenga firme en su afirmación de que los estafados son otros y no él. En caso contrario, dejadme. Con mi barco yo me iré a naufragar.

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