/ 26 febrero 2024

Cambiar de enfoque sobre la Violencia Machista

"Ser mujer es un riesgo añadido"

Cambiar de enfoque sobre la Violencia Machista

"Ser mujer es un riesgo añadido"

"Ser mujer es un riesgo añadido"

De los más de cien artículos que he enviado a medios de comunicación, creo que este de 2021 es el único que no había publicado nadie. Supongo que por su extensión.

Es un artículo que había iniciado con una idea, y el propio texto me fue llevando no a otra, pero sí a no tener tan claro mi propio enfoque sobre la problemática….

Rescato el artículo para madridesnoticia, en exclusiva ;-).

La violencia machista existe, digo ya de entrada que no vengo a negar esa evidencia, pero ¿Y si nos estamos equivocando al tratarla?

El caso de las niñas Olivia y Anna, de Tenerife, fue tan espantoso que no se puede ni asimilar; y quedó, al menos para mí, como una muesca en el corazón con la que convivir, un macabro recordatorio de hasta qué punto la maldad existe.

No es que sean menos importantes otros casos de menores asesinados, pero los hay como éste que, por sus características, calan más. Este caso a mí afectó especialmente, tal vez por tener también dos hijas de edades semejantes a estas hermanitas asesinadas. Mes y medio en vilo hasta un desenlace no por previsible menos doloroso.

Imposible imaginar el infinito sufrimiento de esa madre.

Toda España estuvo acompañando en el sentimiento (excepto aquel cura y algún otro personaje con miseria mental) pero, una vez más, dividida por las consideraciones de si era violencia machista u otra cosa; e incluso aprovechando para compartir mensajes mezclando de forma impertinente este caso con otros menos mediáticos, dando a entender que éste hubiera sido más mediático por haberlo cometido un hombre (y otro una mujer) y no por las circunstancias… como si no hubieran sido menos mediáticos, de hecho, todos los demás cometidos también por hombres.

El asesinato de Miguel Ángel Blanco no fue el de más víctimas de los de ETA, ni era la víctima mujer o infante, pero no ha habido asesinato que haya puesto en pie a todo el país como lo hizo aquel ¿Eran las otras víctimas del terrorismo inferiores? Desde luego que no, no se trata de eso. Son las características peculiares del caso lo que hizo que calara más hondo.

Con actos tan viles sentimos que algo tenemos que hacer, como vía de escape. Si hubiéramos estado en Tenerife hubiéramos llevado flores al mar quizás, o si hubiéramos estado en una ciudad habríamos ido a una de las manifestaciones contra la violencia vicaria, …o, al menos, clamar algo en las redes sociales parece que sienta mejor que tragar sin más. A mí lo primero que me salió tras aparecer el cuerpo de Olivia fue gritar de rabia en Facebook el siguiente mensaje:

«Y que aún haya quien cuestione el tema de la violencia machista….

Solo evitar esto hubiera valido más que todas las denuncias falsas y otras cosas por el estilo del mundo.

Me cago en estos hijos de puta, aunque la madre fuera una santa. Me cago una y mil veces en toda la puta mierda de machistas y su putísima madre.»

Y me iba a salir un artículo que hubiera sido bien distinto de éste pero me dije: -Tal vez sea más interesante analizar el tema en frío y con más datos, tratando de llegar al fondo-.

Por cierto, que ese insulto de «su puta madre» puede que haya quien lo critique encontrándole connotaciones machistas. Sin embargo, no creo que nadie que lo pronuncie piense en la madre de la persona a la que va dirigido. Yo dije así simplemente porque es el insulto más gordo que me sé, aunque en este caso se queda pequeño.

Por supuesto, no soy ningún experto, solo una de tantas personas confundidas ya sobre qué pensar… y pensando y buscando durante horas, he dilucidado ciertas cosas que son las que vengo a contar porque ¿Y si no es violencia machista todo lo que se dice que es violencia machista?

La clave está en conocer las motivaciones.

Por ejemplo, pongamos que aparecen dos personas muertas en un bosque. Para resolver el caso lo fundamental es el quién o el cómo, pero para abordar la causa y tratar de evitar casos similares, la clave está en el ¿Por qué?

-¿Fue un «accidente» de caza? Habrá entonces que echarle un ojo a la ley de caza.

-¿Fue por locura? Habrá que mirar cómo controlar mejor las enfermedades mentales.

-¿Fue un acto terrorista? Habrá que actuar políticamente.

-¿Fue muerte natural? No hay nada que hacer.

En definitiva, cada causalidad conlleva una diferente actuación posterior para tratar de solucionar el problema.

Por eso es tan importante aclararse sobre si la causa de un homicidio es el machismo o es otra cosa, y es algo realmente complicado porque la respuesta solo está a menudo en la cabeza del asesino, que además a menudo ya no está para contestar.

La violencia en general es cosa de hombres. Las mujeres superan a los hombres en población, pero más del 90% de los homicidas son hombres (fuente: Naciones Unidas). A su vez, alrededor del 80% de las personas muertas por homicidio, son también hombres. Es una constante a nivel mundial.

El porqué esto es así tiene numerosas teorías, entre las que está la influencia de la testosterona, pero destaca también la socialización de género, es decir el que los hombres sean influenciados socioculturalmente para que se premie su fuerza y dominancia, mientras que en las mujeres se aprecia su «maternalidad». Las mujeres, de hecho, matan más precisamente en defensa que por iniciativa propia.

Los porcentajes, sin embargo, cambian si nos centramos en el ámbito doméstico…

Vamos primero con los infanticidios, y aquí viene uno de los asuntos que crean confusión, y es que si uno se fía del «ruido» informativo, pudiera parecer que nuevamente son los hombres quienes más matan.

Uno encuentra titulares frescos de España como «Interior tiene detectados a 471 niños en riesgo de ser víctimas de la violencia de sus padres» (El Mundo), donde se encuentra que desde 2013, que es cuando empezaron a contabilizarse los menores asesinados por sus padres como violencia de género, hay 40 menores en esa negra lista… pero y ¿Qué hay de madres?

Hay una imagen de 2020 que circula por Internet que dice que (se entiende desde 2013 y en España) de los 128 menores asesinados por sus progenitores, 39 fueron a manos de sus padres, 72 de sus madres y el resto de ambos. La imagen tiene su astucia porque sí fueron 128 los menores asesinados y sí es oficial que 39 fueron a manos de sus padres, pero es que el dato oficial del total no se refiere a menores asesinados por sus progenitores sino por sus cuidadores, de modo que de ahí no se puede deducir que el resto de 39 tuvieran implicación maternal (fuente: maldita.es, portal especializado en desmontar bulos).

El caso es que si no hay estadísticas que relacionen víctima-sexo-relación con homicida (como no las había hasta 2013 para los padres), no hay noticia y si no hay noticia no hay atención. Ahí tenemos ya una cosa muy mal hecha por parte de la corriente feminista, porque lo correcto sería recoger y exponer todos los datos. Ocultar parte de la información solo alimenta la controversia, y es culpable al menos en parte de la crispación que hay… y tiene muy fácil arreglo. La información es fundamental en estos asuntos y debe ser clara.

Como no tenemos datos oficiales al respecto, tenemos que recurrir a informaciones no tan directas pero sí útiles, como por ejemplo un artículo de bbc.com con preguntas a Antonio Andrés Pueyo, profesor de Psicología y Criminología de la Universidad de Barcelona, en el que afirma que «la balanza del sexo de los perpetradores cambia»: en el caso de neonaticidios (es decir, homicidios de bebés de hasta 24 horas de edad), son casi todos por parte de las madres, y también son más los infanticidios por parte de madres. Pueyo lo apunta literalmente así: «Las mujeres son más autoras de infanticidios, especialmente de bebés, que los hombres. Parece fácil la explicación: ellas son las que están a cargo de su cuidado».

De cuando el caso con el que empecé el artículo, precisamente tenemos también el filicidio de una madre a su hija de 4 años y confesó, además, que lo hizo para vengarse de su exmarido.

Entonces, decididamente el tema de machismo u otra cosa no es tan fácil de sentenciar.

Desde luego, no lo es en el caso de asesinatos de menores. De ningún modo se puede relacionar automáticamente el hecho de que si un hombre mata a un menor ya es por machismo, porque las madres también matan y bien puede ser lo mismo lo que haya motivado a una que al otro.

Con la violencia machista «tradicional», la del hombre hacia la mujer, aparentemente está todo más claro, ya que ahí el que una mujer asesine a su pareja o expareja es algo casi anecdótico (aunque desde luego no es una anécdota un asesinato), y cambia también el ¿Por qué?.

«El 85,8% de las víctimas mortales a manos de su pareja o expareja son mujeres asesinadas por hombres» (El País).

Pero ¿Y si no es el machismo siempre la causa?

El feminismo es actualmente una ola, y no lo critico en general, por supuesto; hora es de que se acabe por completo la discriminación a la mujer. Hay  una deuda histórica con las mujeres y aún hoy encuentran más dificultades que los hombres para ciertas cosas (y eso aún en países desarrollados). Ser mujer es un riesgo añadido.

Pero hay cosas que corregirle al feminismo, aunque en estos momentos quien se salga del discurso feminista imperante se arriesga a ser criticado.

De entrada se me ocurre que no se debe hablar de igualdad, aunque yo también he usado el término movido por la moda.

Sin embargo entre hombres y mujeres se pide igualdad, a pesar de lo distintos que somos. Lo más notable, con todo lo que conlleva, es la fuerza física. Debido a esa diferencia, por ejemplo las pruebas físicas para acceder a ciertas profesiones, como policía, son distintas aunque luego en la práctica vayan a encontrarse con las mismas dificultades unos que otras.

¿Es eso igualdad? No, eso es si acaso equidad.

Tan lejos se quiere llevar la igualdad en algunos sentidos que se ha igualado el tiempo de baja de paternidad con el de maternidad ¿Es eso justo? No lo es, pues el hombre no pasa por embarazo, parto ni lactancia, con todo lo que ello conlleva.

Entonces, el enfoque está mal y con un enfoque mal hecho los resultados tenderán a no ser los que deban.

Así pues ¿Qué pasa si está errado también el enfoque de lo que es violencia machista? 

¿Qué pasa si se está sobrepasando? Hay muchas personas, no solo hombres, que se sienten atacadas con las leyes contra la violencia de género (creo, por cierto, que debería llamarse de otro modo para no dar pie a confusiones).

Si se reivindica un derecho de forma que se esté soliviantando a una buena parte de la sociedad, es que no se están haciendo bien las cosas. Quizás sea momento de parar el carro y mirar cómo o por dónde debe seguir.

La psicóloga clínica Sonia Vaccaro dice, en una entrevista a El Mundo, que se encuentra con relativa frecuencia en su consulta con mujeres que reciben mensajes de sus exparejas maltratadoras como «‘ya verás lo que te va a pasar, te vas a arrepentir toda la vida, te voy a dar donde más te duele» y que no se le quita el acceso a sus hijos a esos padres, y que más complicado aún es que se les quite la patria potestad, de modo que por medio de los hijos los maltratadores pueden seguir coaccionando a la mujer aunque ni se vean. Debería impedirse cualquier acceso o control sobre sus hijos a los padres maltratadores cuando hay pruebas.

El sinvivir que tiene que pasar una madre ante tal panorama, se enfrenta al sufrimiento que también pasa un padre cuando se le quita injustamente la custodia de sus hijos.

En medio, la dificultad de la justicia para esclarecer la verdad cuando se sabe que unos y otros podrían estar fingiendo.

Pero ¿Dejamos de lado la ley de violencia machista porque haya casos injustos?

¿Dejaríamos de perseguir a delincuentes porque en ocasiones acaben inocentes en la cárcel?

Evidentemente no. Debe primar la protección del menor, o de la vida de la potencial víctima (en general la mujer), por encima de la posibilidad de que haya una denuncia falsa. Si hay una denuncia, el hombre ya pasa la noche en el calabozo (si es al revés, una denuncia de un hombre a una mujer, no se considera violencia de género sino violencia doméstica y no es tan estricta). Es así porque para el hombre es una mala noche, pero para la mujer podría ser una cuestión de vida o muerte.

Si la denuncia resultara falsa, hay consecuencias para la mujer.

Las denuncias falsas son muy pocas, aunque haya quien quiera hacer creer otra cosa; por contra las denuncias que las mujeres no ponen por miedo a una mala reacción del hombre son muchas. No se puede olvidar que si un hombre se lo propone, puede acabar con la vida de la mujer aunque ya tenga orden de alejamiento.

«»Las estadísticas dejan un porcentaje de 0,078% (96) de condenas por denuncia falsa frente a las 1.222.172 denuncias interpuestas desde 2009, con el porcentaje ascendiendo ligeramente hasta el 0,01% (131) si sumamos los casos que todavía están bajo investigación.»» (Fiscalía General del Estado)

Al final, es todo muy complicado, pero lo que no tiene sentido es negar la violencia machista, porque supondría no actuar contra algo que supone decenas de vidas al año (aunque puedan no ser tantas como se cuentan, tal y como estamos tratando).

Hace un par de días entendía que el tema de violencia de género no admitía discusión, y ahora me encuentro con que el pararme a razonar sobre el tema me ha traído a replantearme aspectos de la problemática.

Sin embargo una cosa es reconsiderar un asunto y otra lo de VOX, que despacha el machismo con un «condenamos toda la violencia por igual» (aunque por otro lado se empeña en un dale que te pego con el terrorismo de ETA, que precisamente es algo que ya no existe pero sí lo separan del resto de violencia). O lo de tanta gente de a pie que, cada vez que se le habla de machismo, salta con que si feminazis, que si las mujeres también matan o que si ponen denuncias falsas, y poco le importan los datos reales: ellos a su discurso preinstalado.

Es posible que lo que les moleste no sea el feminismo, sino la constatación de que en realidad sí son algo machistas y por eso se ponen a la defensiva.

Si no eres machista ¿Por qué te molesta que se critique el machismo? La cosa no iría contigo.

Aunque puedan no ser por machismo todos los asesinatos que se cuentan como tales, habrá que localizarlos igualmente porque, repetimos: es fundamental conocer la motivación de un asesinato para tratar de evitar otros similares.

Pero ¿Cómo distinguir cuándo es machismo y cuándo es otra cosa?

Ahí reside el lío, pero ante la duda, creo que debemos fiarnos de lo que digan los expertos. No podemos pretender saber más nosotros que quien está con un caso y conoce los detalles. Si un caso, tras analizarlo, nos dicen que es violencia machista, pues no veo porqué se pone en duda. Dudar de algo así es una ofensa ¿O no te ofenderías si alguien dudara de tu sufrimiento?

Negar el machismo es machismo.

Es algo además que no entiende de clases, incluso de inteligencia; hay machistas de todos los colores, pero sí que el machismo tiene sus peculiaridades. El machismo es creerse el hombre que está por encima de la mujer, otorgándose poder sobre ella, creyéndose que la mujer es su posesión… y eso se refleja en las formas de actuar y es lo que los que conocen cada caso habrán analizado.

Que hay mujeres malas que ponen al límite a sus parejas, pues las habrá, pero si un hombre es buena persona no va de ningún modo a matar o agredir a la mujer; buscará otras salidas. Los casos de agresiones u homicidios machistas son invariablemente a cargo de malas personas.

Las pocas veces que una mujer mata a un hombre, o incluso cuando una mujer perpetra un filicidio (homicidio de un menor de 18 años), suele haber una motivación de defensa, enfermedad mental o tal vez religiosa. Que una mujer mate a un hijo por hacer daño a su pareja es una de esas excepciones que ponen a prueba la regla pero no la anulan.

El hombre sí es habitual que mate por haber sentido herido su orgullo de macho, su presunta superioridad.

Pero una vez más: un hombre puede matar, como una mujer, también por enfermedad mental, creencia religiosa, … o por simple maldad, de modo que mata a una mujer porque es quien se le ha interpuesto pero lo mismo hubiera hecho con un hombre. Colgar automáticamente, como a veces se hace en caliente, la etiqueta de machismo cuando un hombre mata a una mujer, es uno de los factores que provocan el ruido y la irritación de la gente.

No se gana nada, en ningún sentido, contando como machismo un asesinato que haya sido por otro motivo. Tampoco por eso se gana nada menospreciando el machismo.

Al final, llego a conclusiones que no lo son tanto porque esto no es una ciencia exacta.

Se debe seguir revisando la ley para combatir el machismo, para contener mejor a los machistas y para evitar perjudicar a inocentes.

Se debe ser más claro con todos los datos de violencia familiar, para dejar de generar polémicas.

Se debe ser menos visceral con estos temas, es hora de darle una vuelta a los conceptos y enfoques de machismo y feminismo, porque desde posturas enfrascadas solo se discute, no se razona.

Tengo serias dudas de que sea una batalla que se pueda ganar con leyes, pues el machismo es algo que está en la cabeza del hombre por educación, ¿genética?, cultura….

Pero, mientras tanto, la ley contra la violencia machista debe estar ahí.

De los más de cien artículos que he enviado a medios de comunicación, creo que este de 2021 es el único que no había publicado nadie. Supongo que por su extensión.

Es un artículo que había iniciado con una idea, y el propio texto me fue llevando no a otra, pero sí a no tener tan claro mi propio enfoque sobre la problemática….

Rescato el artículo para madridesnoticia, en exclusiva ;-).

La violencia machista existe, digo ya de entrada que no vengo a negar esa evidencia, pero ¿Y si nos estamos equivocando al tratarla?

El caso de las niñas Olivia y Anna, de Tenerife, fue tan espantoso que no se puede ni asimilar; y quedó, al menos para mí, como una muesca en el corazón con la que convivir, un macabro recordatorio de hasta qué punto la maldad existe.

No es que sean menos importantes otros casos de menores asesinados, pero los hay como éste que, por sus características, calan más. Este caso a mí afectó especialmente, tal vez por tener también dos hijas de edades semejantes a estas hermanitas asesinadas. Mes y medio en vilo hasta un desenlace no por previsible menos doloroso.

Imposible imaginar el infinito sufrimiento de esa madre.

Toda España estuvo acompañando en el sentimiento (excepto aquel cura y algún otro personaje con miseria mental) pero, una vez más, dividida por las consideraciones de si era violencia machista u otra cosa; e incluso aprovechando para compartir mensajes mezclando de forma impertinente este caso con otros menos mediáticos, dando a entender que éste hubiera sido más mediático por haberlo cometido un hombre (y otro una mujer) y no por las circunstancias… como si no hubieran sido menos mediáticos, de hecho, todos los demás cometidos también por hombres.

El asesinato de Miguel Ángel Blanco no fue el de más víctimas de los de ETA, ni era la víctima mujer o infante, pero no ha habido asesinato que haya puesto en pie a todo el país como lo hizo aquel ¿Eran las otras víctimas del terrorismo inferiores? Desde luego que no, no se trata de eso. Son las características peculiares del caso lo que hizo que calara más hondo.

Con actos tan viles sentimos que algo tenemos que hacer, como vía de escape. Si hubiéramos estado en Tenerife hubiéramos llevado flores al mar quizás, o si hubiéramos estado en una ciudad habríamos ido a una de las manifestaciones contra la violencia vicaria, …o, al menos, clamar algo en las redes sociales parece que sienta mejor que tragar sin más. A mí lo primero que me salió tras aparecer el cuerpo de Olivia fue gritar de rabia en Facebook el siguiente mensaje:

«Y que aún haya quien cuestione el tema de la violencia machista….

Solo evitar esto hubiera valido más que todas las denuncias falsas y otras cosas por el estilo del mundo.

Me cago en estos hijos de puta, aunque la madre fuera una santa. Me cago una y mil veces en toda la puta mierda de machistas y su putísima madre.»

Y me iba a salir un artículo que hubiera sido bien distinto de éste pero me dije: -Tal vez sea más interesante analizar el tema en frío y con más datos, tratando de llegar al fondo-.

Por cierto, que ese insulto de «su puta madre» puede que haya quien lo critique encontrándole connotaciones machistas. Sin embargo, no creo que nadie que lo pronuncie piense en la madre de la persona a la que va dirigido. Yo dije así simplemente porque es el insulto más gordo que me sé, aunque en este caso se queda pequeño.

Por supuesto, no soy ningún experto, solo una de tantas personas confundidas ya sobre qué pensar… y pensando y buscando durante horas, he dilucidado ciertas cosas que son las que vengo a contar porque ¿Y si no es violencia machista todo lo que se dice que es violencia machista?

La clave está en conocer las motivaciones.

Por ejemplo, pongamos que aparecen dos personas muertas en un bosque. Para resolver el caso lo fundamental es el quién o el cómo, pero para abordar la causa y tratar de evitar casos similares, la clave está en el ¿Por qué?

-¿Fue un «accidente» de caza? Habrá entonces que echarle un ojo a la ley de caza.

-¿Fue por locura? Habrá que mirar cómo controlar mejor las enfermedades mentales.

-¿Fue un acto terrorista? Habrá que actuar políticamente.

-¿Fue muerte natural? No hay nada que hacer.

En definitiva, cada causalidad conlleva una diferente actuación posterior para tratar de solucionar el problema.

Por eso es tan importante aclararse sobre si la causa de un homicidio es el machismo o es otra cosa, y es algo realmente complicado porque la respuesta solo está a menudo en la cabeza del asesino, que además a menudo ya no está para contestar.

La violencia en general es cosa de hombres. Las mujeres superan a los hombres en población, pero más del 90% de los homicidas son hombres (fuente: Naciones Unidas). A su vez, alrededor del 80% de las personas muertas por homicidio, son también hombres. Es una constante a nivel mundial.

El porqué esto es así tiene numerosas teorías, entre las que está la influencia de la testosterona, pero destaca también la socialización de género, es decir el que los hombres sean influenciados socioculturalmente para que se premie su fuerza y dominancia, mientras que en las mujeres se aprecia su «maternalidad». Las mujeres, de hecho, matan más precisamente en defensa que por iniciativa propia.

Los porcentajes, sin embargo, cambian si nos centramos en el ámbito doméstico…

Vamos primero con los infanticidios, y aquí viene uno de los asuntos que crean confusión, y es que si uno se fía del «ruido» informativo, pudiera parecer que nuevamente son los hombres quienes más matan.

Uno encuentra titulares frescos de España como «Interior tiene detectados a 471 niños en riesgo de ser víctimas de la violencia de sus padres» (El Mundo), donde se encuentra que desde 2013, que es cuando empezaron a contabilizarse los menores asesinados por sus padres como violencia de género, hay 40 menores en esa negra lista… pero y ¿Qué hay de madres?

Hay una imagen de 2020 que circula por Internet que dice que (se entiende desde 2013 y en España) de los 128 menores asesinados por sus progenitores, 39 fueron a manos de sus padres, 72 de sus madres y el resto de ambos. La imagen tiene su astucia porque sí fueron 128 los menores asesinados y sí es oficial que 39 fueron a manos de sus padres, pero es que el dato oficial del total no se refiere a menores asesinados por sus progenitores sino por sus cuidadores, de modo que de ahí no se puede deducir que el resto de 39 tuvieran implicación maternal (fuente: maldita.es, portal especializado en desmontar bulos).

El caso es que si no hay estadísticas que relacionen víctima-sexo-relación con homicida (como no las había hasta 2013 para los padres), no hay noticia y si no hay noticia no hay atención. Ahí tenemos ya una cosa muy mal hecha por parte de la corriente feminista, porque lo correcto sería recoger y exponer todos los datos. Ocultar parte de la información solo alimenta la controversia, y es culpable al menos en parte de la crispación que hay… y tiene muy fácil arreglo. La información es fundamental en estos asuntos y debe ser clara.

Como no tenemos datos oficiales al respecto, tenemos que recurrir a informaciones no tan directas pero sí útiles, como por ejemplo un artículo de bbc.com con preguntas a Antonio Andrés Pueyo, profesor de Psicología y Criminología de la Universidad de Barcelona, en el que afirma que «la balanza del sexo de los perpetradores cambia»: en el caso de neonaticidios (es decir, homicidios de bebés de hasta 24 horas de edad), son casi todos por parte de las madres, y también son más los infanticidios por parte de madres. Pueyo lo apunta literalmente así: «Las mujeres son más autoras de infanticidios, especialmente de bebés, que los hombres. Parece fácil la explicación: ellas son las que están a cargo de su cuidado».

De cuando el caso con el que empecé el artículo, precisamente tenemos también el filicidio de una madre a su hija de 4 años y confesó, además, que lo hizo para vengarse de su exmarido.

Entonces, decididamente el tema de machismo u otra cosa no es tan fácil de sentenciar.

Desde luego, no lo es en el caso de asesinatos de menores. De ningún modo se puede relacionar automáticamente el hecho de que si un hombre mata a un menor ya es por machismo, porque las madres también matan y bien puede ser lo mismo lo que haya motivado a una que al otro.

Con la violencia machista «tradicional», la del hombre hacia la mujer, aparentemente está todo más claro, ya que ahí el que una mujer asesine a su pareja o expareja es algo casi anecdótico (aunque desde luego no es una anécdota un asesinato), y cambia también el ¿Por qué?.

«El 85,8% de las víctimas mortales a manos de su pareja o expareja son mujeres asesinadas por hombres» (El País).

Pero ¿Y si no es el machismo siempre la causa?

El feminismo es actualmente una ola, y no lo critico en general, por supuesto; hora es de que se acabe por completo la discriminación a la mujer. Hay  una deuda histórica con las mujeres y aún hoy encuentran más dificultades que los hombres para ciertas cosas (y eso aún en países desarrollados). Ser mujer es un riesgo añadido.

Pero hay cosas que corregirle al feminismo, aunque en estos momentos quien se salga del discurso feminista imperante se arriesga a ser criticado.

De entrada se me ocurre que no se debe hablar de igualdad, aunque yo también he usado el término movido por la moda.

Sin embargo entre hombres y mujeres se pide igualdad, a pesar de lo distintos que somos. Lo más notable, con todo lo que conlleva, es la fuerza física. Debido a esa diferencia, por ejemplo las pruebas físicas para acceder a ciertas profesiones, como policía, son distintas aunque luego en la práctica vayan a encontrarse con las mismas dificultades unos que otras.

¿Es eso igualdad? No, eso es si acaso equidad.

Tan lejos se quiere llevar la igualdad en algunos sentidos que se ha igualado el tiempo de baja de paternidad con el de maternidad ¿Es eso justo? No lo es, pues el hombre no pasa por embarazo, parto ni lactancia, con todo lo que ello conlleva.

Entonces, el enfoque está mal y con un enfoque mal hecho los resultados tenderán a no ser los que deban.

Así pues ¿Qué pasa si está errado también el enfoque de lo que es violencia machista? 

¿Qué pasa si se está sobrepasando? Hay muchas personas, no solo hombres, que se sienten atacadas con las leyes contra la violencia de género (creo, por cierto, que debería llamarse de otro modo para no dar pie a confusiones).

Si se reivindica un derecho de forma que se esté soliviantando a una buena parte de la sociedad, es que no se están haciendo bien las cosas. Quizás sea momento de parar el carro y mirar cómo o por dónde debe seguir.

La psicóloga clínica Sonia Vaccaro dice, en una entrevista a El Mundo, que se encuentra con relativa frecuencia en su consulta con mujeres que reciben mensajes de sus exparejas maltratadoras como «‘ya verás lo que te va a pasar, te vas a arrepentir toda la vida, te voy a dar donde más te duele» y que no se le quita el acceso a sus hijos a esos padres, y que más complicado aún es que se les quite la patria potestad, de modo que por medio de los hijos los maltratadores pueden seguir coaccionando a la mujer aunque ni se vean. Debería impedirse cualquier acceso o control sobre sus hijos a los padres maltratadores cuando hay pruebas.

El sinvivir que tiene que pasar una madre ante tal panorama, se enfrenta al sufrimiento que también pasa un padre cuando se le quita injustamente la custodia de sus hijos.

En medio, la dificultad de la justicia para esclarecer la verdad cuando se sabe que unos y otros podrían estar fingiendo.

Pero ¿Dejamos de lado la ley de violencia machista porque haya casos injustos?

¿Dejaríamos de perseguir a delincuentes porque en ocasiones acaben inocentes en la cárcel?

Evidentemente no. Debe primar la protección del menor, o de la vida de la potencial víctima (en general la mujer), por encima de la posibilidad de que haya una denuncia falsa. Si hay una denuncia, el hombre ya pasa la noche en el calabozo (si es al revés, una denuncia de un hombre a una mujer, no se considera violencia de género sino violencia doméstica y no es tan estricta). Es así porque para el hombre es una mala noche, pero para la mujer podría ser una cuestión de vida o muerte.

Si la denuncia resultara falsa, hay consecuencias para la mujer.

Las denuncias falsas son muy pocas, aunque haya quien quiera hacer creer otra cosa; por contra las denuncias que las mujeres no ponen por miedo a una mala reacción del hombre son muchas. No se puede olvidar que si un hombre se lo propone, puede acabar con la vida de la mujer aunque ya tenga orden de alejamiento.

«»Las estadísticas dejan un porcentaje de 0,078% (96) de condenas por denuncia falsa frente a las 1.222.172 denuncias interpuestas desde 2009, con el porcentaje ascendiendo ligeramente hasta el 0,01% (131) si sumamos los casos que todavía están bajo investigación.»» (Fiscalía General del Estado)

Al final, es todo muy complicado, pero lo que no tiene sentido es negar la violencia machista, porque supondría no actuar contra algo que supone decenas de vidas al año (aunque puedan no ser tantas como se cuentan, tal y como estamos tratando).

Hace un par de días entendía que el tema de violencia de género no admitía discusión, y ahora me encuentro con que el pararme a razonar sobre el tema me ha traído a replantearme aspectos de la problemática.

Sin embargo una cosa es reconsiderar un asunto y otra lo de VOX, que despacha el machismo con un «condenamos toda la violencia por igual» (aunque por otro lado se empeña en un dale que te pego con el terrorismo de ETA, que precisamente es algo que ya no existe pero sí lo separan del resto de violencia). O lo de tanta gente de a pie que, cada vez que se le habla de machismo, salta con que si feminazis, que si las mujeres también matan o que si ponen denuncias falsas, y poco le importan los datos reales: ellos a su discurso preinstalado.

Es posible que lo que les moleste no sea el feminismo, sino la constatación de que en realidad sí son algo machistas y por eso se ponen a la defensiva.

Si no eres machista ¿Por qué te molesta que se critique el machismo? La cosa no iría contigo.

Aunque puedan no ser por machismo todos los asesinatos que se cuentan como tales, habrá que localizarlos igualmente porque, repetimos: es fundamental conocer la motivación de un asesinato para tratar de evitar otros similares.

Pero ¿Cómo distinguir cuándo es machismo y cuándo es otra cosa?

Ahí reside el lío, pero ante la duda, creo que debemos fiarnos de lo que digan los expertos. No podemos pretender saber más nosotros que quien está con un caso y conoce los detalles. Si un caso, tras analizarlo, nos dicen que es violencia machista, pues no veo porqué se pone en duda. Dudar de algo así es una ofensa ¿O no te ofenderías si alguien dudara de tu sufrimiento?

Negar el machismo es machismo.

Es algo además que no entiende de clases, incluso de inteligencia; hay machistas de todos los colores, pero sí que el machismo tiene sus peculiaridades. El machismo es creerse el hombre que está por encima de la mujer, otorgándose poder sobre ella, creyéndose que la mujer es su posesión… y eso se refleja en las formas de actuar y es lo que los que conocen cada caso habrán analizado.

Que hay mujeres malas que ponen al límite a sus parejas, pues las habrá, pero si un hombre es buena persona no va de ningún modo a matar o agredir a la mujer; buscará otras salidas. Los casos de agresiones u homicidios machistas son invariablemente a cargo de malas personas.

Las pocas veces que una mujer mata a un hombre, o incluso cuando una mujer perpetra un filicidio (homicidio de un menor de 18 años), suele haber una motivación de defensa, enfermedad mental o tal vez religiosa. Que una mujer mate a un hijo por hacer daño a su pareja es una de esas excepciones que ponen a prueba la regla pero no la anulan.

El hombre sí es habitual que mate por haber sentido herido su orgullo de macho, su presunta superioridad.

Pero una vez más: un hombre puede matar, como una mujer, también por enfermedad mental, creencia religiosa, … o por simple maldad, de modo que mata a una mujer porque es quien se le ha interpuesto pero lo mismo hubiera hecho con un hombre. Colgar automáticamente, como a veces se hace en caliente, la etiqueta de machismo cuando un hombre mata a una mujer, es uno de los factores que provocan el ruido y la irritación de la gente.

No se gana nada, en ningún sentido, contando como machismo un asesinato que haya sido por otro motivo. Tampoco por eso se gana nada menospreciando el machismo.

Al final, llego a conclusiones que no lo son tanto porque esto no es una ciencia exacta.

Se debe seguir revisando la ley para combatir el machismo, para contener mejor a los machistas y para evitar perjudicar a inocentes.

Se debe ser más claro con todos los datos de violencia familiar, para dejar de generar polémicas.

Se debe ser menos visceral con estos temas, es hora de darle una vuelta a los conceptos y enfoques de machismo y feminismo, porque desde posturas enfrascadas solo se discute, no se razona.

Tengo serias dudas de que sea una batalla que se pueda ganar con leyes, pues el machismo es algo que está en la cabeza del hombre por educación, ¿genética?, cultura….

Pero, mientras tanto, la ley contra la violencia machista debe estar ahí.

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