Alzhéimer
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Unas 45 millones de personas en el mundo padecen alzhéimer en la actualidad. Se trata de la demencia degenerativa primaria más usual.

Una de las consecuencias del alzhéimer es que más del 90% de los enfermos presentan, en algún momento de su enfermedad, alteraciones conductuales. Así lo señala Carmen Terrón, coordinadora de la unidad de deterioro Cognitivo y Demencia del Hospital Nuestra Señora del Rosario. Estos trastornos se concentran en cambios en el ánimo, el comportamiento, el sueño, los hábitos alimenticios y la conducta motora, entre otros.

ALTERACIONES FRECUENTES DEL ALZHÉIMER

Estas alteraciones son variadas y diferentes. A continuación, se recogen una serie de alteraciones que pueden llegar a sufrir los pacientes con alzhéimer.

  • Anosognosia: falta de conciencia de enfermedad.
  • Delirios, ya sea considerar que es un robo, un prejuicio, la sustitución del cónyuge por un impostor y más.
  • Alucinaciones visuales, auditivas, táctiles u olfativas.
  • Agnosia: dificultad para reconocer objetos o personas con una capacidad visual normal.
  • Depresión, que se puede manifiestar por sentimiento de culpa, baja tolerancia de frustración o pérdida de voluntad.
  • Labilidad emocional o irritabilidad. Esto supone una propensión a cambios de humor y fluctuaciones en sus sentimientos, así como a la hora de expresar sus sentimientos.
  • Ansiedad, agitación y/o agresividad, y apatía.
  • Síndrome del atardecer o sundowning.
  • Trastornos del sueño, como insomnio, somnolencia excesiva y parasomnias.
  • Trastornos de la conducta alimentaria y deambulación errante.
  • Seguimiento persistente del cuidador.

Al respecto, la doctora explica que “estas alteraciones pueden acabar provocando el ingreso residencial o la hospitalización del paciente, una menor calidad de vida, agresiones hacia los cuidadores o la sobrecarga de estos”.

RECOMENDACIONES GENERALES

Ante esta situación, hay algunos consejos generales que pueden ayudar para sobrellevar esta enfermedad, según la doctora Terrón. En primer lugar, hay que tener paciencia y disfrutar con el paciente. Ello conlleva, a su vez, que se le deje ser lo más independiente posible, es decir, aportarle la ayuda mínima que requiera y que haga las cosas por sí mismo. De esta manera, se puede ver si corrige los errores.

Asimismo, para expresar los sentimientos de aprecio, se debería hacer con palabras afectuosas y caricias, a la misma vez que se tiene en cuenta y respeta los momentos y necesidades del paciente. Por otro lado, es primordial sentir empatía y, así, intentar entender sus errores y sentimientos.

La flexibilidad también es relevante. Se trata de ser capaces de adaptarse a las necesidades y los ritmos del paciente. Aún teniendo todo esto en cuenta y mantener el cuidado de la persona enferma, no hay que olvidar la propia salud.

Por último, evitar las discusiones en la medida de lo posible es importante. Para ello, no hay que olvidar que el paciente es sensible a los gestos, el tono de voz y un ambiente tranquilo, a pesar de que tenga problemas de comprensión. Así, considerar la importancia de cada tema y mantener la calma es importante. El cuidado de una persona con alzhéimer conlleva no olvidar la parte psicológica y emocional del paciente.


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