Violencia desparramada

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-No te pego, porque eres mujer.

Así, de entrada, en el autobús, nadie hace nada, todo el mundo calla, el conductor manifiesta luego que ni se ha dado cuenta de que pasase nada.

-Sinvergüenza, a tu puto país.

Tal vez el puto país al que se refiere el joven que grita sea España, si la mujer en cuestión es española. Pero no importa. Una patada por la espalda y a la puta calle.

En el diario,

La reyerta se ha producido sobre las 23´20 horas entre bandas latinas que se han enfrentado con armas de fuego y blancas y que se extendió por distintas calles del barrio como Peña Gorbea, Ciudad de Barcelona y El Cafeto.

Aquí, al lado. Pero también en otros lugares,

-En esta ocasión un grupo de neonazis ha acorralado a un joven entre las callesBalmes y Roselló de la Ciudad Condal.

-Un ultra ha sido herido después de haber sido agredido por antifascistas en la calle Muntaner de Barcelona.

Tres jóvenes en prisión por violar en Mataró a una chica de 17 años discapacitada; en Cádiz seis menores detenidos por abusar de dos niñas de 12 y 13 años; cuatro hombres acusados de violar en Gran Canaria a una turista; otros diez detenidos por violar a tres chicas de 14, 15 y 17 años en Alicante.

-El menor tutelado, de 17 años, ingresó en el hospital con el cráneo hundido tras ser víctima de una brutal paliza en el barrio del Actur de Zaragoza.

-Durante dos noche consecutivas, un grupo de dominicanos trató de asaltar el Centro de Hortaleza con el objetivo de agredir a los menas.

El imperio de la fuerza bruta, la violencia desparramada, amplificada, propagada, difundida, como islas de plástico que van cubriendo la superficie toda de la vida ciudadana.

La violencia es siempre la expresión de un problema, un conflicto no resuelto, mal resuelto, a lo peor irresoluble. La violencia estalla cuando el problema negado, enquistado, re-negado, da la cara. No es la primera vez que pasa. Puede volver a pasar. Somos sociedades complejas, complicadas, de equilibrios delicados.

Siglo pasado. Años 90. Comenzaba la década. Un Consorcio de Administraciones construye un poblado cerca de Perales del Río y Villaverde Bajo para realojar a 88 familias chabolistas, mayoritariamente gitanas. Estalla la movilización vecinal,

-Bastante tenemos con el trapicheo que hay en los prefabricados de la rivera de San Fermín y en la chabolas del Rancho del Cordobés.

Comienzan las manifestaciones, encierros, marchas vecinales, cortes de la carretera de Andalucía,

-¡A la carretera!

La policía carga, les disuelve, pero ya no son tiempos de dictadura. Es complicado cargar contra el vecindario indignado. Su líder se llama Nicanor y a ellos los llaman los nicanores. Se explican,

-No se trata de un problema de payos y gitanos, sino de droga.

-Es una protesta contra los gitanos que venden droga, pero también contra los camellos payos.

-Si alguien se atreve a decirnos racistas porque estamos en contra de la droga, ¡Viva el racismo!, clama Nicanor ante miles de vecinos.

Cuando el tigre anda suelto y te montas en él, lo difícil es gobernarlo y, por encima de todo, lo más complicado es bajarse de él. Tarde o temprano aparece la violencia y la confrontación civil. Menudean primero las agresiones, las embestidas puntuales. Luego dejan de ser aves de paso y se convierten en parte de lo cotidiano.

Nicanor dimite, se va, abandona.

Un vecino contrario al movimiento desencadenado,

-Se les ha escapado de las manos. Han estado cuatro meses llamando a la venganza particular contra yonquis y camellos y, al final, alguien ha captado el mensaje y ha iniciado las agresiones.

Es fácil dejar que el conflicto se enquiste, probar a envolverse en una bandera, integrarse en una banda, sentirse más valiente. Es fácil intentar imponer tus criterios, tus visiones, tus soluciones. Por ser impuestas y de parte, han dejado ya de ser soluciones.

Lo difícil es dar un primer paso, dirigir primero la palabra, sentarse a negociar, romper la negociación y volver a sentarse a hablar. Una y otra vez. Escuchar, explicarse, transaccionar, acordar. Construir un acuerdo, que mañana será de nuevo conflicto y volver a sentarse y negociar hasta acordar de nuevo. Aceptar el imperio de la ley. Hacer que la ley funcione.

No hay más. Aquí, en la Cochinchina, o en Cataluña. No hay otra. Todo, menos la violencia desparramada.