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Cadalso de los Vidrios es un pequeño paraíso al Suroeste de la Comunidad de Madrid que este verano se tornó en infierno durante el devastador incendio de los últimos días de junio, que comenzando en la localidad toledana de Almorox se extendió hacia Caldalso y Cenicientos, calcinando unas 3.300 hectáreas (2.500 en la Comunidad de Madrid y 800 en Castilla – La Mancha).  Las llamas sitiaron el municipio y las cicatrices de los árboles chamuscados y la tierra ennegrecida por un espeso manto de cenizas se aprecian desde el mismo borde de la carretera llegando hasta las primeras viviendas que ejercieron estoicamente como auténtico muro de contención del fuego. Hoy, visualmente destacan entre la oscuridad de la naturaleza quemada, pequeños islotes de tierra que conservan su verdor y su frescura. Son los campos de viñas que bien cuidados y limpia su tierra de hierbas secas, han ejercido de cortafuegos naturales, evitando la propagación del fuego sobre su superficie.

Aún impactado por la visión de los efectos del fatídico incendio, me adentro en las calles de esta apacible localidad situada a 80 kilómetros de la capital y que recibe su sobrenombre, de las importantes  fábricas de vidrio que acogió en el pasado y que alcanzaron gran prestigio en los siglo XVI y XVII, de hecho, prácticamente todas las piezas de la cristalería de la Real Botica del Monasterio de El Escorial se fabricaron en los hornos de Cadalso que estuvieron operativos hasta principios del siglo XX, cuando se cerraron definitivamente. Pero este bello municipio también podría haber tomado el sobrenombre de “los vinos” ya que sus caldos están considerados entre los mejores de Madrid. Por lo que no hubiera sido de extrañar que se hubiera denominado…Cadalso de los Vinos.

Visito la Bodega Miguel Santiago y cuento con una compañía de lujo: el presidente de la D.O. Vinos de Madrid, Antonio Reguilón. Tanto el propietario de la Bodega, Miguel, como Antonio, me esperan en las instalaciones donde me muestran dónde y cómo elaboran unos magníficos vinos de autor, que además de comercializarse en la Comunidad de Madrid, han saltado el charco, siendo muy demandados en México (15.000 botellas durante el último año) y en la costa este de Estados Unidos (3.000 botellas), siendo especialmente apreciado por los neoyorkinos. En Europa también están abriendo mercado en países como Alemania, concretamente en la ciudad de Dusseldorf, y en Inglaterra.

La Bodega Miguel Santiago produce vinos tintos de uva garnacha y vino blanco de albillo real. Sus principales etiquetas son Parajes de los Vidrios y Cabrito en vino blanco, y Manazas, Pico del Mirlo, Parajes de los Vidrios, Marino, Cabrito y Alto de Valdehornos en tintos.

Cuenta con 20 hectáreas de viñedos propios cuidados con mimo desde hace cinco generaciones. La Bodega es un negocio familiar que Miguel Santiago conserva desde los tiempos de su bisabuelo y al que él ha dado un impulso de modernización en una primera fase en 2012 y en una segunda, en 2016. El excelente sabor de estos caldos se debe, entre otros factores, a que su fermentación es espontánea y se utiliza la levadura autóctona de la uva, no se añade ningún tipo de levadura artificial ni ningún otro añadido químico. La situación y orografía del terreno también resultan imprescindibles a la hora de imprimir el carácter de estos vinos, que proviene en muchos casos de cepas abrigadas por las lomas de la incipiente sierra y que nada tiene que ver con la uva que se cultiva en otro tipo superficies planas más expuestas al calor del sol y que retienen menos el frescor y el agua de la lluvia o del rocío.

Los vinos de Cadalso tienen matices más similares a los de la zona de Gredos que a otros de la Comunidad de Madrid. Tal como explica Antonio Reguilón, los vinos de Madrid no tienen características principales porque son completamente diferentes unos de otros en función de su zona de producción.

La Bodega cuenta con 66 barricas de 500 o 600 litros de capacidad, que acogen unos vinos que el propietario de la Bodega no quiere clasificar como reserva o crianza, ya que son vinos de autor, cuyos matices y sabores varían en función de la ubicación y altitud de parcela concreta donde se cultiva el viñedo.

Tras nuestro paso por la Bodega, tenemos la oportunidad de visitar uno de los viñedos y contemplando tan magnífica estampa natural, puedo comprender perfectamente el significado de la descripción de vino de autor, ya que el que producen estas viejas viñas centenarias tienen que tener sí o sí su propio carácter. Tal como se hacía antiguamente, Miguel tiene que utilizar obligatoriamente caballos para labrar esta tierra que presenta unos desniveles tan acentuados que no permiten la entrada de ningún vehículo de labranza. Parece que no quiere correr el tiempo mientras observo estas cepas fuertes y robustas, con ramas que superan los dos metros de envergadura en muchos casos. Impresionante la vista verde de viñas cargadas de uvas que trepan hacia la montaña. El sol se alza en su punto culmen y el calor del mediodía aprieta. Es hora de regresar. Ha sido un lujo visitar la Bodega Miguel Santiago y uno de sus espectaculares viñedos compartiendo la jornada con mi buen amigo Antonio Reguilón. Siempre disfruto escuchando con cuánta pasión defiende y apuesta por los Vinos de Madrid. Comparto esa pasión que extiendo a todos los productos de Madrid, desde las hortalizas de nuestras vegas, hasta los quesos de la sierra, las carnes de Guadarrama, las legumbres autóctonas y tantos otros tan exquisitos que bien merecen maridarse con nuestros mejores caldos, como estos vinos de autor de Cadalso de los Vidrios.


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