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Imagínense que Pablo Casado o Isabel Díaz Ayuso dijeran a un medio de comunicación lo siguiente. “No estamos dispuestos a ser transparentes todo el tiempo. Los acuerdos no se pueden retransmitir. No siempre es bueno”.

¿Se lo imaginan?

Tras esa afirmación, habría una avalancha de medios de izquierdas o independientes atizando sin piedad al Partido Popular. Escribiendo, comentando o informando horas y horas sobre el PP, su opacidad, su degeneración política.

Políticos de otros partidos, señalando sin compasión a los políticos del centro derecha liberal del PP como “corruptos” certificados tras esa aseveración.

Una avalancha de titulares, programas y tertulias criticando sin descanso al PP. Cuestionando su respuesta y afirmando, sin error posible, que los “viejos partidos” siguen alentando prácticas contrarias a la transparencia. A favor del oscurantismo. La degeneración. La corrupción. Y en ese centro “mediático”. Un partido. El PP.

Pues bien. Esa afirmación no la ha realizado ningún político del PP. Iñigo Errejón es el autor de esta declaración. Y mientras. Estas palabras pasan inadvertidas. Ni les interesa ni les preocupa.

Pero se equivocan. A mí, me preocupa y me ocupa la transparencia. Me preocupa la falta de coherencia ante una declaración así cuando los ciudadanos se sienten tan alejados de la política y no pasa nada. Y me ocupa defender la necesidad de ser transparentes no como postureo, sino como actitud en política.

Errejón tira por la borda una actitud que muchos políticos defendemos con el objetivo de acercar la política a los españoles y demostrar que la transparencia es un paso más hacia la regeneración. Mientras, otros, como Íñigo, se dedican a decir estas atrocidades y otros políticos, callan. No pasa nada.

Pero sí pasa.

Pasa que cuando la demagogia y el populismo han querido “seducir” al electorado, han usado la palabra transparencia para señalar a los viejos partidos. Señalar y acusarles. Pasa que cuando la política tiene distintas varas de medir, según quien lance el mensaje, tiene consecuencias negativas. Y pasa que cuando quienes nos revolvemos contra ese mensaje tan claro y peligroso somos políticos que representamos a partidos “viejos” (según algunos nuevos), algo no está funcionando. ¿Dónde están aquellos “nuevos” denunciando estas palabras?

Iñigo Errejón es el paradigma de la opacidad y aquí todos callan. Opacidad en sus movimientos políticos y opacidad ante un electorado que ha sido su necesario y engañado aliado para medrar en política. Y repito, muchos callan.

Pues yo no tengo intención de callarme. Una afirmación tan clara, evidencia quien es Iñigo Errejón. Y esto nos debería llevar a la conclusión de que todo es postureo para la nueva política. Afirmar sin sonrojarse que “no estamos dispuestos (Mas País) a ser transparentes todo el tiempo”, demuestra que lo que son. Ellos. La izquierda radical. Es lo que es. Todo por el pueblo, pero sin el pueblo. Y seguir afirmando que “los acuerdos no se pueden retransmitir”, es una muestra más de lo que la izquierda está dispuesta hacer por “tocar poder”.

Ese poder que a Errejón se le escapó en la Comunidad de Madrid para llevar a cabo sus políticas “venezolanas” de la mano del PSOE y Unidas Podemos y que, gracias al cómodo escaño y sueldo público, ansía ahora en las próximas elecciones generales.

¿Que serán capaces de acordar con el PSOE y no están dispuestos a contar? ¿Cuál será la deriva de esta nueva formación para repartirse sillones?

No quiero ni imaginarlo, pero tampoco descansaré y callaré ante una respuesta tan peligrosa y que sin repercusión mediática, porque es la izquierda, otros han decidido obviarla.

El señor Errejón muestra su patita.

En contra de su opinión, desde el PP pensamos y demostramos que los acuerdos (políticos) hay que contarlos, como hizo Isabel Díaz Ayuso hasta formar el Gobierno de la Comunidad de Madrid. Ese ejercicio de transparencia con los madrileños y españoles es fundamental en política. Es un principio y un valor. Explicar por qué tal y tal partido deciden unirse en un gobierno significa respeto a la sociedad, respeto a los votantes de cada uno y respeto por la libertad.

Así que, mientras el señor Errejón se dedique a vender sus soflamas políticas a medios afines. Yo me dedicaré a seguir defendiendo la transparencia. Una transparencia que es previa y preventiva a actitudes corruptas que luego desesperan, traicionan e indignan a los españoles.