Opinión

Las mociones contra el PP fracasan

Álvaro Ballarín|Madrid|21 de Junio de 2017, 12:30

Las dos semanas pasadas hemos asistido a las mociones de censura presentadas por Podemos a los gobiernos del PP en la Comunidad de Madrid y en España. 

Las dos semanas pasadas hemos asistido a las mociones de censura presentadas por Podemos a los gobiernos del PP en la Comunidad de Madrid y en España. Una vez que se supo que no iban a prosperar, la única incógnita era dilucidar si, además, iban a constituir un fracaso político. La moción de Felipe González en 1980 tampoco prosperó, pero supuso un triunfo político que permitió al Partido Socialista dos años después alcanzar la mayoría absoluta más holgada de la reciente historia de la democracia en España. 

Se trataba, por tanto, de averiguar si Pablo Iglesias y Podemos eran capaces de armar un programa de gobierno realista y creíble que encarnara una auténtica alternativa de gobierno a la del Partido Popular. Los proponentes de la moción sabían que al presentarla ponían sobre sí mismos el foco de la opinión pública, ya que la moción de censura tal y como está diseñada en el ordenamiento constitucional español es constructiva, y lo que se aprueba o rechaza es tanto al candidato aspirante a la presidencia del gobierno, como a su programa de gobierno. El partido Podemos, por tanto, era consciente que el éxito o el fracaso de la moción de censura dependía de la altura del programa electoral y de la credibilidad de su candidato. 

Con el fin de presentar un escenario que justificara la moción, el discurso del candidato, incorporó un diagnóstico de situación absolutamente ajeno a la realidad económica y social de España . Si este diagnóstico resultó fallido por su falta de realismo y manifiesta exageración, la presentación del programa alternativo resultó decepcionante. 

Sin entrar a valorar las medidas de regeneración política, la mayoría de las cuales estaban ya tomadas por el gobierno del Partido Popular, o aprobadas en distintas resoluciones parlamentarias, o incluidas en programas de otros partidos políticos (lo que pone de manifiesto la poca seriedad y escaso trabajo por parte de los grupos parlamentarios de Podemos), lo que resulta evidente es la endeblez e inconsistencia de su programa económico. Este, en resumidas cuentas, venía a propiciar un notable incremento del gasto, que para no incrementar la deuda pública –que alcanza ya el 100% del PIB- se financiaría subiendo los impuestos a los ricos e incrementando los ingresos provenientes de un mayor esfuerzo en la lucha contra el fraude fiscal. 

Según el relato de Podemos, con estas dos medidas se podría financiar su desorbitada propuesta de gasto público sin incrementar el déficit y la deuda pública. Pero este cuento ya lo conocemos, porque nos lo han contado muchas veces, y no acaba bien: mientras que el incremento de gasto sería real - los gastos son ciertos-, no se producirá el incremento de los ingresos, y la diferencia la terminarían por pagar como siempre las rentas medias y bajas a las que les subirían de nuevo los impuestos.

Una vez más, nada nuevo, la política rancia y antigua de siempre, contrastada una y mil veces en su ineficiencia económica y en su eficacia como generadora de paro y pobreza, de frustración y resignación.

La moción de censura y sus proponentes fracasaron. Todo el tiempo que nos han hecho perder los portavoces de Podemos solo tiene una ventaja: los españoles han podido comprobar que no tienen proyecto ni programa para España.


Álvaro Ballarín es diputado del Grupo Popular en la Asamblea de Madrid.

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