Yo me quedo en casa y no estoy para tontás y melonás

"No me pidáis que, después de aplaudir a las 8, vuelva a las andadas a las 9 para emprenderla a cacerolazos contra el Rey, contra Pablo Iglesias, o contra el Gobierno".

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Mi anterior artículo hablaba de uno de esos momentos de dureza extrema que conmovieron Madrid, los atentados del 11M en los trenes que viajaban hacia Atocha. Golpes en la vida tan fuertes que empozan en el alma la resaca de todo lo sufrido, citaba a César Vallejo.

Las cosas se estaban complicando con el coronavirus y se desconvocaron muchos actos como el que la Asociación 11M, CCOO, UGT y la Unión de Actores convocamos cada año sin fallar uno solo, en la entrada de la Estación de Atocha. Han pasado casi quince días y Madrid se ha convertido en un campo de aislamiento inmenso. Cada cual en su casa, esperando que la tempestad desencadenada pase.

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En estas estamos, intentando que no nos alcance el coronavirus, entreteniendo los días en actividades de lo más variadas, desde tocar un trombón por el balcón, a contar una gracieta, cantar una canción, leer un libro, ver una película, tele-trabajar, tele-estudiar, ver la tele a todas horas con el coronavirus,  transitar por las redes sociales. Menos mal que están ahí en este momento y podemos ver la cara de nuestros familiares enclaustrados en pisos paralelos.

También salimos cada día a aplaudir a cuantos cuidan nuestra salud, nuestra seguridad y atienden nuestras necesidades más básicas. Contad conmigo para ese aplauso, pero no me pidáis que me apunte a tontás y melonás. No me pidáis que invente bulos o los difunda. Ni que aliente, acompañe, promueva campañas contra este o aquel político.

No me pidáis que, después de aplaudir a las 8, vuelva a las andadas a las 9 para emprenderla a cacerolazos contra el Rey, contra Pablo Iglesias, o contra el Gobierno. Claro que tengo mi opinión sobre los trasiegos financieros de la Casa Real, sobre el 8 de Marzo, el supermitin de los ultras en Vistalegre, los 4.000 partidos de futbol que se celebraron y las decenas de miles de misas en España ese fin de semana.

Tengo opinión acerca de la cuarentena de Pablo Iglesias y de la cuarentena abanderada de la presidenta madrileña que hasta el 14 de marzo era jefa suprema de la sanidad madrileña y, tras la declaración del Estado de Alarma, se ha dedicado a exigir que el gobierno central reponga todo aquello que ella dejó desmantelado.

También tengo opinión sobre los recortes que hicieron posible que andemos a la cola de Europa con 3 camas hospitalarias por cada 1.000 habitantes, frente a las 8 de Alemania, las 6 de Francia. Tenemos casi las 3´2 camas de Italia y, tal vez por eso nos va más o menos como a ellos. En Madrid andamos por las 2´7 camas, también a la cola de España, mejor que Andalucía, o Castilla-La Mancha (peor que todas las demás), pero aquí más concentrados, más densos, más juntitos y con más facilidad de contagio.

Tengo opinión y ya llegará el momento de pasar mi factura y exigir responsabilidades, hasta de cárcel si fuera necesario. Pero ahora, con la que está cayendo no me distraigáis, no me metáis en otra pelea que no sea la que hemos entablado contra un virus, que por tamaño, cantidad, habilidad de movimientos, capacidad de mutación y rapidez de transmisión, nos está apaleando y lleva las de ganar, si no nos centramos en lo que tenemos que centrarnos.

He aprendido hasta ahora que ganar tiempo para no contagiarnos es fundamental para que no se bloquee un sistema sanitario debilitado en instalaciones, medios, recursos y profesionales, al borde del colapso si no contenemos las infecciones. Es esencial para dar una oportunidad a los contagiados de salir vivos de ésta. Ganar tiempo para descubrir una vacuna, antivíricos, tratamientos eficaces. Estudiar cómo se comporta el virus, cuándo y cómo ataca y aprender a combatirlo.

Claro que os iré diciendo que tal o cual cosa no me gusta. Por ejemplo, en Francia dejan pasear a la gente y no están peor que aquí. Tantos años pidiendo a la gente que haga ejercicio y ande un poco cada día y ahora a acumular azúcar, colesterol y triglicéridos de esos que tanto mal parece que nos hacen.

Hay casas con patio, algunas con gimnasio particular, otras con parcela. Es otra cosa, es otro mundo, pero la mayoría en la ciudad no son así, pasillo va, pasillo viene. Clases online de yoga, taichí, tutoriales de pilates, aerobic, zumba. Está bien, pero no es lo mismo que pasear, qué queréis que os diga.

Pero estamos a lo que estamos, una cosa es decir que algo no te gusta (con razón o sin razón) y otra distraerte de lo esencial, cortar de raíz los contagios para darnos tiempo y oportunidades de vida. No estábamos preparados y lo estamos pagando. Pero estamos a lo que estamos. Estamos con el gobierno que toca y con los trabajadores que intentan curarnos, nos protegen, nos cuidan y se ocupan de nuestros servicios esenciales.

Luego, cuando el coronavirus sea uno más entre los muchos virus y bacterias que nos acosan, no se preocupen, yo pisaré las calles nuevamente, aunque sea solo, cacerola en mano si fuera necesario y daré la tabarra hasta que esté seguro de que estamos preparados si a este coronavirus, o a cualquiera de su especie, le da por mutar, o si la contaminación nos sigue acosando y amenazando la vida en el planeta, o si los pobres mueren en la calle,  las abuelas mueren solas en sus casas, los jóvenes no tienen futuro y los mayores no tienen pensiones.

Os juro que este virus me ha enseñado que hay cosas con las que no basta indignarse, cosas con las que hay que ser duros, firmes, implacables y lo seré. Pero, por ahora no me distraigáis con tontás y melonás, que yo me quedo en casa, mal que me pese.

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