Si pensabas que Tom Cruise se había hundido en un tanque de agua helada y asfixiado aguantando la respiración, con la cuarta entrega, ¡erraste! Ha insuflado un poco de aire limpio a su serie de Misión Imposible, tras los sonados frenazos con que le recibieron en taquilla y la crítica otros episodios anteriores. Por agotamiento de los espectadores ante un espectáculo de apariencias y juegos malabares, se ha retomado el camino de la acción total (estilo James Bond) y un nuevo sentido dramático, que otorga mayor suspense a la trama y más personalidad a los personajes. Esto es, tensión hasta el final de la proyección.

Después de haber desfilado una amplia gama de profesionales, directores y guionistas con exceso de secuencias ultra-exageradas, cercanas a rallar en el ridículo. Desde el comienzo de mi respetado Brian de Palma, la fiebre imposible de John Woo, la dirección del productor de este nuevo giro J.J. Abrams y la fallida de Brad Bird (Ratatouille y Los Increíbles). Ahora se impone el crédito de un director efectivo como Chirstopher McQuarrie (Jack Reacher) y guionista reputado también (títulos como Sospechosos Habituales, The Thourist, Valkiria o Jack El Cazagigantes).



El director de Princeton, otorga a cada miembro del equipo su experiencia para un trabajo controlado, nada patético, incluso los protagonistas del filme M:I Nación Secreta, parecen sentirse liberados, moviéndose como pez en el agua, participando en esta quinta entrega que aporta nuevos bríos a la antigua línea argumental y sus carreras individuales. Por una vez, parece que todos los actores reman en la misma dirección y son realmente necesarios para una historia  escrita por el mismo McQuarrie.

Así, ahondamos en ciertos aspectos que proporcionan un abanico de opciones en las aventuras de la organización secreta versus El Sindicato, casi todos relacionados con su peligrosa labor. Vuelven a repetir más evolucionados, Jeremy Renner, Ving Rhames (rescatado desde la 3) y Simon Pegg, que forman un compacto equipo colaborador de Ethan Hunt. Recordando los favores de la serie de televisión a finales de los 60, aquí con una novata Rebecca Ferguson que cumple su nueva función entre amor confuso y traición femenina, sumando la réplica maligna de Simon McBurney y un fantástico Sean Harris; más la peculiar y carismática imagen de Alec Baldwin siempre bien recibido abordo para cualquier viaje. Presenta sus credenciales para instalarse en el sillón de jefe por más tiempo, claro está, con el permiso de un Tom Cruise más centrado, racional y certero.

Lo cierto que tras muchas decepciones, que casi pedían un aprendiz más joven a su lado y otras ramificaciones de M:I, y por tanto, me acercaban con cierta retención de líquidos a esta Nación Secreta, ahora presenta dotes suficientes para disfrutar de buen cine de acción y tramas paralelas con malvados que dejan huella. Tensión de principio a fin, con una cara algo más humana del héroe, aunque mantenga algunas exageraciones permitidas en pos del argumento científico, a través de un espectáculo plagado de suspense dentro del género de espías.

Por ello, si eres de aquellos que temían una catastrófica sucesión de gags de baja calidad y escenas con funambulistas de circo en equilibrios imposibles… Estás en lo cierto, haberlas haylas, pero el guion y un magnífico hacer en el proceso de montaje y la dirección de McQuarrie entre Viena y un espectacular Marruecos, ha logrado (y anunciando la sexta tras un Top Gun 2 y otro Jack Reacher) revivir a esta saga herida.  Volviendo Cruise a remontar la corriente.

El «tío» Tom, parece divertirse de nuevo en este papel que pelea, late y … respira.
 




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