Quedan pocas funciones para disfrutar en el Teatro Alfil de La necesidad del náufrago cuando hablamos con su autor, Pablo Canosales, que además de la próxima gira del montaje, prepara los ensayos de ¿Qué se esconde tras la puerta?.

La necesidad del náufrago toca historias que van desde una charla en torno al café hasta el concepto de patria, pasando por una cita a Boris Vian o el sexo sin compromiso… ¿cuál es el hilo conductor?

Son escenas que están en marcha, otras que arrancan en ese momento, otras que están a punto de acabar. Pero son exactamente eso: coletazos, retazos y sensaciones. No hay hilo, es algo honesto y sencillo con cuatro actores maravillosos. En ocasiones el público comenta que le hubiera gustado saber más de esta o aquella historia, pero de eso se trata precisamente, de atisbar cosas y no atar todos los cabos, me gusta la idea de que sea un puzle con el que cada uno pueda hacer su propia lectura.

Inevitablemente tendrás tu propia lectura, ¿cuánto hay de vivencias personales en las historias que cuentas?

La mayoría por no decir todo, al final soy yo quien hablo y planteo preguntas a través de los personajes. Escribir es también una forma de crecer y aprender y cuando cuento algo lo hago porque tengo la necesidad de contarlo, y lo hago de la mejor forma que sé. No hago teatro para dar lecciones ni dictar sentencias o para instruir a nadie. Lo que intento hacer en mis textos es cuestionarme cosas yo mismo, en este caso sobre un mundo en el que la gente no se expresa.

Sin embargo, la perspectiva es claramente la de un observador que toma distancia.

No me gusta evidenciar que soy yo, tomo distancia para evitar los prejuicios y que no resulte personal. “La necesidad del náufrago” surgió en momento cambio de mi vida y envolverlo facilita que sea el espectador quien viaje. En cierto modo despersonalizarlo permite que el espectador lo haga más personal.

¿Cuál es el mayor reto al escribir teatro?

A día de hoy lo que pienso es en cómo voy a pagarlo y cómo voy a llegar a la gente. De algún modo con el tiempo tienes presente el cómo poder llevar a cabo la idea.

¿Hace falta dinero para hacer buen teatro?

No, el dinero no es la barrera, aunque claro que influye. Lo que sí hace falta son apoyos para dar visibilidad y repercusión.

Y qué hay de la etiqueta de joven dramaturgo.

Es un arma de doble filo. Soy dramaturgo y además soy joven. Los dramaturgos jóvenes también tenemos cosas que contar y en ocasiones no podemos contar todas nuestras historias. Es importante quitar a la etiqueta de “joven” ese matiz negativo que en ocasiones se le da. En mi equipo todos tenemos menos de 30 años.

Presentaste ¿Qué se esconde tras la puerta? en el Teatro María Guerrero, como parte de las actividades del Día Mundial del Teatro. Han pasado los meses y ya es una realidad, con la publicación y a las puertas de su puesta en escena. ¿Cómo ha sido la selección de los actores?

Busco acores muy particulares y muy personales para representar este proyecto que está dando cosas tan maravillosas, que se enamoren del proyecto. En diciembre comenzamos los ensayos.

No ha debido resultar fácil coordinar la puesta en marcha, como ya sucedió con la idea inicial de 27 puertas y ni más ni menos que 27 dramaturgos…

Es una locura que sale adelante gracias a mucho amor y cariño. Sigo estando igual de agradecido a la generosidad de los compañeros que tan generosamente se sumaron al proyecto sin dudarlo. El día de la presentación se quedaron fuera más de 100 personas, la acogida y la repercusión fue increíble. A partir de ahí comenzamos a trabajar en la financiación y aquí estamos, finalizando el casting, preparando ensayos y preparados para montar en enero y comenzar la gira a partir de febrero. Estoy muy feliz.


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