Al igual que el aborto, el alquiler de vientres, o si se prefiere la terminología gestación subrogada, se ha convertido en un debate público social, y más después de hablarse abiertamente en el “Sábado Deluxe” de Telecinco, incorporarse en discursos políticos, algunos partidos a favor y otros en contra, y en charlas y discursos de asociaciones y grupos feministas.
 
El debate se centra principalmente en cómo denominar el hecho de que una mujer lleve en su vientre el hijo o hija de otra mujer, para muchas feministas lo correcto es denominarlo “gestación subrogada”, la mujer que lleva en su vientre el bebé se le denomina madre portadora o subrogada, mientras la que posee el problema reproductivo y no puede llevar el embarazo se denomina madre subrogante. Para otro colectivo de feministas los correcto es llamarlo como lo que es “vientres de alquiler”. Para el primer colectivo, que una mujer se preste voluntaria para esta actividad no significa que lo haga únicamente por dinero, puede haber en ellas algún otro motivo individual o personal que las motive voluntariamente a llevar el hijo de otra mujer en su vientre, como por ejemplo aquellos casos en los que una madre da a luz al hijo de su hija porque está por algún problema de fertilidad no ha podido. Mientras que, para el segundo colectivo, en este asunto lo que predomina es la vulnerabilidad de la mujer quien vista en circunstancias económicas extremas se ve en la necesidad de alquilar su vientre para llevar el embarazo de otra mujer.
 
El debate se recrudece cuando el vientre es alquilado por una pareja o por un hombre homosexual, ya que para muchos esto es un empoderamiento de la comunidad LGTB de alta posición económica usando como medio y objeto a la mujer bajo la bandera de tolerancia sexual e igualdad, cuando en esta práctica sucede todo lo contrario. Muchas mujeres han sido víctimas de esta práctica, siendo obligadas a alquilar su vientre, o mal pagadas por este “servicio” sometiéndolas a condiciones inhumanas, presiones y estrés incluso estando embarazadas, otras tantas alquilan su vientre y al término del embarazo los pagadores no “esta satisfechos con el resultado final” y se desentienden del bebe o simplemente se arrepiente. Las posturas se vuelven más radicales cuando se involucra el mundo del “famoseo”
 
Hasta la fecha hay muy poca regulación e información en cuanto a este tema, por lo que los debates son indispensables para poder llegar al mejor acuerdo legal en donde la mujer no sea utilizada como un objeto.




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