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Los contrastes permiten a los radiólogos tener mucha información en determinadas exploraciones, el problema es que a veces provocan temor a los pacientes, en la mayor parte de las ocasiones por miedo a una eventual reacción alérgica. Sin embargo, los contrastes radiológicos se puede afirmar que son muy seguros (en otro caso no se emplearían ni estarían aprobados por las autoridades).

Los tipos de contrastes más empleados en TAC y Resonancia Magnética

 
Contraste intravenoso en el TAC:

Se trata contrastes basados en yodo. Se utilizan para poder resaltar determinadas partes del organismo como pueden ser los vasos en los estudios vasculares o “angio-TAC´s”, estudios abdominales (nos permiten evaluar con detalle vísceras sólidas como el hígado, los riñones, etc.). En el hígado, por ejemplo, algunas lesiones captan contraste y otras no, y ello nos permite por un lado detectarlas y por otro caracterizarlas (si son benignas o malignas). En muchas ocasiones no hace falta emplearlos como puede ser los casos de TACs de pulmón, huesos o algunos TAC´s de cerebro. El problema es que para una misma exploración, como un TAC de abdomen, en ocasiones los empleamos y en otras no, dependiendo del problema que se quiera estudiar. Por ejemplo, si solo queremos ver piedras renales nos basta con un TAC sin contraste, pero para evaluar posibles tumores del aparato urinario sí debemos emplearlo.

Se necesita un acceso venoso (“coger una vía”, catéter) para su administración. Es normal sentir calor o sofoco por todo el cuerpo, así como un sabor metálico (duran unos pocos segundos). En algunos pacientes también hay náuseas transitorias (esto no se considera reacción alérgica). La eliminación es por vía renal, por lo que se aconseja beber abundantes líquidos para favorecer su excreción urinaria tras la exploración. En cuanto a los riesgos, el más temido es la reacción alérgica, que como decimos es muy poco frecuentes y cuando ocurren suelen ser leves: casi siempre consiste en habones o “ronchas” cutáneas que desaparecen en pocas horas y además son fácilmente tratables. Si un paciente ha sufrido una reacción alérgica previa puede tomar una sencilla pauta de pre-medicación con corticoides y anti-histamínicos que se administran por vía oral unas horas antes de la exploración y minimizan el riesgo.

Está muy discutido que los contrastes yodados por vía intravenosa provoquen daño o empeoramiento de la función renal o -como llamamos los médicos- insuficiencia renal a los pacientes con función renal previamente comprometida. Parece ser que las últimas publicaciones descartan este punto, aunque por sentido común seguimos pidiendo a los pacientes de riesgo una analítica reciente con cifras de creatinina (que mide dicha función renal).
 

Contraste oral en el TAC:

Hay muchas alternativas, incluyendo agua, leche, contrastes basados en yodo como el gastrografín (sabor anisado) o basados en bario (sabores variados, normalmente a fresa). Se emplean cuando nos interesa distinguir bien las asas intestinales y el colon del resto de los órganos abdominales, sobre todo, cuando la exploración incluye el abdomen o la pelvis. No suelen tener efectos adversos de alergias, y como mucho los contrastes basados en yodo pueden acelerar el tránsito (diarrea) y los basados en bario enlentecerlo (estreñimiento).
 
Contraste intravenoso en la Resonancia Magnética:

Se trata de contrastes basados en gadolinio. Se emplean cuando necesitamos mayor contraste para el estudio de determinados órganos, y también se debe individualizar según la indicación de cada prueba. Por ejemplo, para estudios de hígado casi siempre debemos emplearlos para evaluar lesiones focales, pero no son necesarios para realizar medición de hierro. En el caso del cerebro no hace falta en los casos de dolor de cabeza, pero sí para evaluar tumores o actividad de esclerosis Múltiple.

Al igual que los contrastes del TAC, también requieren un acceso venoso. Clásicamente han sido contrastes extremadamente seguros. Normalmente no se siente absolutamente nada durante su administración. La eliminación también es por vía renal, recomendándose beber líquidos el día de la exploración para favorecer la excreción. Las reacciones alérgicas son aún menos frecuentes que los contrastes yodados. En los últimos tiempos han salido a relucir dos aspectos del gadolinio que debemos mencionar:
 
Depósito de gadolinio. Recientemente se ha demostrado que el gadolinio se acumula en determinadas zonas del cerebro en escasa cantidad sobre todo en determinadas formulaciones de gadolinio. Lo que parece claro es que este depósito no parece tener efecto ninguno en las funciones cerebrales, es decir, que no tiene significado clínico. En cualquier caso se debe tener prudencia, y como en el resto de los fármacos en medicina, emplearlos solo cuando su uso esté justificado y en la menor dosis posible (algo que de rutina ya hacemos). 

Fibrosis nefrogénica sistémica. Es una enfermedad extremadamente rara, habiéndose notificado pocos cientos de casos en todo el mundo. Se trata de una afectación de la piel y órganos internos que ocurre en pacientes con insuficiencia renal muy avanzada, casi siempre en diálisis. Se asoció a gadolinio en 2006, antes de este año el gadolinio se empleaba en pacientes con insuficiencia renal y desde entonces su uso está contraindicado.  

En conclusión, los contrastes en TAC y Resonancia Magnética se emplean porque son seguros y nos ayudan a evaluar mejor los órganos porque permiten que las lesiones se vean de forma diferente al resto de las estructuras y, por ello, detectarlas y caracterizarlas. En resumen tienen claramente más beneficios que riesgos.

Dr. Eliseo Vañó Galván, Jefe de Servicio de TAC y Resonancia Magnética del Hospital Ntra. Sra. Rosario


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