/ 7 mayo 2021

Lo nuevo de Netflix nos traslada a una realidad distópica

Lo nuevo de Netflix nos traslada a una realidad distópica

Pocas cosas pueden sorprendernos ya en el universo audiovisual. Hemos visto magos, monstruos de las cavernas, amor entre individuos de diferentes especies, viajes al pasado, al futuro y casi que hasta el presente, naves espaciales, coches que vuelan, batallas épicas y fantasmas que luego resultan estar vivos. Por ver hasta hemos vistos a jugadores de póker de élite mundial rodeados de los mutantes de X-Men. Quizás porque ya estamos acostumbrados a todo tipo de historias, el buque insignia para el inicio de año de Netflix no deja al espectador descolocado tras su visionado, aunque sí ligeramente incómodo.

Escrita por Laeta Kalogridis, conocida por su trabajo en Shutter Island, la nueva serie de Netflix nos traslada a un futuro en el que la inmortalidad no solo es algo posible sino que es algo recurrente. Superar a la muerte nunca ha sido tan sencillo como en esta ficción y es que tan solo es necesario descargar la mente de un ser humano en un CD para más tarde introducirlo en un cuerpo humano más joven. El único riesgo es que el dispositivo electrónico caiga en las manos inadecuadas o sea destruido, bien de manera accidental o como parte de una acción deliberada. Lo malo de esta situación idílica es que no está al alcance de todos, tan solo los más ricos tienen la posibilidad de vivir para siempre.

En este mundo distópico es en el que despierta el protagonista de la ficción Takeshi Kovacs, cientos de años después de ser asesinado por las fuerzas del orden. Kovacs, interpretado por Joel Kinnaman en su nuevo cuerpo y por Will Yun Lee en su apariencia original, es abandonado en la antigua ciudad de San Francisco con un único objetivo: resolver el asesinato de un millonario para poder ganar su libertad.

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Uno de los puntos fuertes de esta serie es la espectacular ambientación, y es que Netflix parece no haber recortado en gastos con el fin de llevar a la pequeña pantalla la realidad que Morgan plasmó sobre el papel de la forma más fiel posible. Mientras Kinnaman recorre las calles de la antigua urbe americana, realmente parece que estamos delante de una gran ciudad venida a menas, donde la decadencia inunda cada una de sus esquinas. Por otra parte, se trata de una ciudad habitada por todo tipo de personas, de diferentes razas y culturas, que conviven de manera pacífica. Sin duda, se trata de una elección deliberada por parte de los creadores que esconde un potente mensaje de tolerancia tras de sí.

La actuación del actor sueco, conocido por su papeles en House of Cards  o Escuadrón suicida, no se queda atrás, regalando al espectador una gran cantidad de escenas de acción en las que se intercalan técnicas de lucha, kickboxing, judo o jiu-jitsu y para las que necesitó más de medio año de entrenamiento físico. Sin embargo, estas secuencias pueden llegar a ser extremadamente violentas algo que sin duda le ha valido una calificación no apta para menores de 16 años.

Su parecido con Blade Runner, de la que indudablemente bebe en esencia, se posiciona como uno de los puntos negativos, al que habría que sumarle algún que otro flashback desconcertante y varios diálogos que se quedan en meras descripciones de lo que está ocurriendo. Con todo, se trata de una serie que ha llegado para quedarse y que espera convertirse en uno de los productos estrella de la plataforma. Habrá que esperar un par de meses para comprobar si los deseos de la compañía liderada por Reed Hastings se cumplen.

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