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Soria, Teruel, Palencia, Zamora, Lugo, pero también Madrid, punto de llegada de migrantes dentro de su propio país que se asientan en la capital en busca de oportunidades. Una comunidad de llegada, pero que a su vez sufre en más de cuarenta y dos municipios de la Sierra Norte el drama de la despoblación y el temor a ver morir sus pueblos.

La ‘España vaciada’ se ha unido en las calles madrileñas para reivindicar su derecho a vivir en los pueblos. Miles de personas de multitud de puntos del país, de las veintidós provincias que ven como sus pueblos y aldeas se mueren, con personas que quieren vivir en el lugar en el que nacieron y pero cada vez encuentran más trabas.

Un panorama desolador el de muchos de los pueblos de la Sierra Norte madrileña, de calles vacías, casas cerradas y colegios con cada vez menos niños. Los que viven allí están acostumbrados a pasar inviernos con menos de cien habitantes y ver, a veces, solo a gatos por las calles. Los jóvenes se ven obligados a partir y ser emigrantes dentro de su propia región.

El envejecimiento en los pueblos es notable, pero no porque los jóvenes no quieran vivir allí, sino que en la mayoría de las ocasiones, no pueden. Porque los jóvenes que tienen la universidad más cercana a 85 kilómetros no tienen autobuses para ir directamente y, tras haber recorrido cada año de su adolescencia más de 30 kilómetros para ir al instituto, esas dos horas de transporte público -cuatro si es ida y vuelta- resultan menos factibles que mudarse a la ciudad. La situación es incluso más dramática en otros pueblos que no tienen conexión directa con Madrid.

LA BRECHA DE LAS COMUNICACIONES

El problema, aseguran quienes viven en los pueblos, es la falta de condiciones que favorezcan el emprendimiento y la llegada de familias. Algunos municipios, como Berzosa del Lozoya, han optado por emplear la inversión pública para dinamizar el pueblo, otros han logrado mantener los habitantes por encima de los mil, como es el caso de Buitrago del Lozoya o La Cabrera. En la propia Sierra hay contrastes entre los pueblos que discurren junto a la autovía A-1 y los que se alejan de la carretera estatal. A algunos pueblos como Rascafría solo llegan tres autobuses diarios desde Madrid, con un trayecto de hasta tres horas. Sin comunicaciones aptas, los jóvenes no pueden estudiar en la universidad y vivir en su pueblo. Asimismo, las personas que se plantean vivir en uno de estos municipios y trabajar en la ciudad no pueden hacerlo.

La falta de emprendimiento también es notable. Porque el peso de la economía rural, frente a lo que muchos puedan pensar, lo lleva el sector servicios, con una importante presencia de la hostelería. La agricultura y la ganadería tienen peso y presencia, pero es muy pequeño el porcentaje de familias que viven de ello. Algunos ‘valientes’ se han atrevido a establecer sus propios negocios en la Sierra.

Sin embargo, lo más común es encontrarse con más trabas que facilidades. El problema de los pueblos de la Sierra Norte no es otro que la falta de comunicaciones. Se han quedado atrás en cuanto a la ‘modernidad’ que sí que parece haber llegado al resto de la región. A la escasez de transporte público se suma la mala conexión a Internet. En algunos pueblos a tan solo 80 kilómetros de Madrid apenas tiene 1 mega de velocidad de descarga, algo que en la capital parece cosa de un pasado muy lejano.

LAS MEDIDAS CONTRA LA DESPOBLACIÓN EN LA SIERRA NORTE

La Comunidad de Madrid anunció el pasado año la Estrategia para Revitalizar los Municipios Rurales, a la que se prevé destinar desde en total 130 millones de euros y que acoge a 78 pueblos pequeños de menos de 2.500 habitantes. 60 medidas entre las que se incluían llevar Internet, un proyecto de ‘transporte a demanda’ o inversión en vivienda pública.

De estas 52 están ya activas y, aseguran desde el Gobierno Regional que las restantes lo estarán antes de las elecciones del 26-M. Entre ellas: la dotación de un parque residencial público con la construcción de 27 viviendas en 2019, con las obras ya licitadas en Madarcos, Robregordo, Puentes Viejas y La Hiruela. La adjudicación de redacción de tres proyectos para otras catorce casas en pueblos con menos de 200 habitantes.

También se han iniciado los trámites para la construcción de tres residencias de mayores en Garganta de los Montes, Gargantilla del Lozoya y Robledillo de la Jara que se prevé que creen en torno a 75 empleos con su apertura. Posiblemente, una de las medidas clave ha sido la extensión de la fibra óptica a numerosos pueblos de la Sierra Norte.

A estas se suman otras como líneas de ayudas para el emprendimiento colectivo, la recogida de residuos o la mejora de las instalaciones deportivas. Mejoras que poco a poco se van implantando en un entorno en el que queda mucho por hacer.

Los habitantes de la Sierra Norte quieren vivir y trabajar en sus pueblos, pero los impedimentos parecen complicados de salvar a corto plazo. Es por eso que la ‘España vaciada’ que también está en Madrid, ha salido a las calles a reclamar un la atención que merece.