/ 22 septiembre 2021

Alfonso Piñeiro: «En otoño, todas las restricciones habrán desaparecido»

Alfonso Piñeiro: «En otoño, todas las restricciones habrán desaparecido»

La cuarta ola que no acaba de llegar, las peticiones de «confinamientos» severos que al final se revelan no necesarios, el mantenimiento ‘sine die’ de medidas como la mascarilla en exteriores… Durante esta pandemia hemos aprendido, desgraciadamente, infinidad de cosas y, entre ellas, el papel fundamental que puede jugar en la población el mensaje del miedo transmitido desde aquellos en los que deberíamos confiar.

El más claro ejemplo lo estamos viviendo en la actualidad, con el virus en plena remisión gracias al proceso de vacunación. Un hecho objetivo que no ha servido para que desde demasiadas posiciones se siga apelando al alarmismo y a la casi súplica de un eterno recorte de derechos fundamentales.

Sobre todo ello charlamos con Alfonso Piñeiro, autor del libro «La Ola Definitiva», en el que desgrana y analiza la manera (errónea) en la que hemos afrontado la crisis de la Covid-19. Periodista de profesión aunque no ejerciente, «si es que alguna vez se deja de ejercer un oficio que es más un ministerio eclesiástico que un trabajo», añade. Crítico con los medios, que no con sus profesionales, su pie a tierra actual está en una red social en la que declara que, temporalmente, el 99% de su actividad pública se dedica a combatir la Nueva Normalidad.

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Imagen: @_sveeet

Pero antes de entrar en harina sobre cuándo podremos dejar de usar la mascarilla, nos interesamos por la gestión de la pandemia en la Comunidad de Madrid.

¿Cómo cree que ha sido la gestión de la pandemia en la Comunidad de Madrid?

Hace algunos días hice una comparativa en mi cuenta de Twitter sobre las restricciones aplicadas en Madrid y Cataluña. En estas regiones, las medidas adoptadas han sido bastante disparejas y, sin embargo, el comportamiento de las olas y las tendencias han sido muy similares en el proceso de bajadas y subidas.

La única nota discordante se produjo en el inicio de la segunda ola, que fue más fuerte en Madrid. En esa ocasión, el Gobierno madrileño apostó por algo que, en su momento, todo el mundo dijo que no serviría: los cribados masivos con test de antígenos. Será la “suerte”, como dijeron, u otros factores, pero el caso es que aquello funcionó para hacer una gestión acertada de esta situación, que es, al fin y al cabo, evitar los contagios.

Porque los test de antígenos no están para que, si das negativo te vayas a una fiesta. Existen para que, si das positivo, sepas que no puedes ir a determinados lugares. Y así estás cortando de manera efectiva cadenas de transmisión.

Desde ese momento, y acentuado en la pasada campaña electoral, ha habido varios movimientos que han señalado la gestión de Madrid como la que se hacía “a favor de los bares”. Pero yo no me canso de decirlo: ésta no era la política ni para los bares ni por los bares. Era porque vivíamos, vivimos, una situación anómala en la que parece que está permitido recortar derechos fundamentales. No nos atenemos a lo que siempre ha sido la gestión de la sanidad pública, que implica el establecimiento de medidas que han de ser proporcionales a los efectos que estás tratando de impedir.

Desde ese punto de vista, creo que la gestión madrileña ha sido acertada porque, aunque en términos brutos, su incidencia acumulada y su número de hospitalizaciones es más elevada que en otras regiones de España, creo que hay otros factores sociodemográficos importantes para explicar eso y, en líneas generales, en términos de comportamiento no difiere demasiado del visto en otros lugares.

¿Crees que son prudentes las medidas, o podrían rebajarse más?

Yo creo que se podrían rebajar incluso un poco más. Otra cosa es que, a nivel de hostelería, signifique algo hacerlo a nivel de negocio. Y es que la apertura hasta medianoche siempre ha sido lo habitual, raramente los locales de restauración abren más tarde de la una. Y a partir de esa hora es cuando llegaba el tramo del ocio nocturno, que es, aparentemente lógico, que siga cerrado. ¿Existe una gran diferencia entre abrir hasta las doce o hasta la una? Objetivamente, no. Pero, a nivel subjetivo, da la sensación de que estás más de fiesta y podría suponer un contacto más estrecho en el que relajas las medidas de seguridad. Tampoco creo que haya una gran diferencia con la que puedes tener hasta las doce.

Creo que, una vez que ya has quitado el toque de queda, y más con la llegada del buen tiempo, lo lógico es que se favorecieran al máximo las actividades en el exterior. Porque hay una variante, entre la hostelería y el ocio nocturno, que son las terrazas. Éstas sí se podrían tener abiertas hasta las dos o las tres de la mañana porque son lugares de poco riesgo. De modo que incentivemos y aprovechemos esto al máximo, porque a esa gente que quiera seguir una actividad social más allá de la hostelería, le estamos empujando a que vaya a hacerlo a un entorno poco seguro como es una casa. Es más, yo creo que el equipo de Ayuso podría estar por la labor, para que en el periodo de adaptación a esta situación no haga que se les echen encima las “fieras” del comportamiento idílicamente pandémico.

«Lo lógico es que la mascarilla al aire libre desaparezca en el mes de junio»

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Imagen: @_sveeet

Es un hecho que las medidas ya se están relajando, pero algunas como la mascarilla en exteriores o el cierre del ocio nocturno siguen en vigor. ¿Se atreve a dar plazos sobre cuánto le quedan?

Yo tengo mis propios plazos al respecto, que espero no se conviertan en fallos estrepitosos como los de los “expertos mediáticos” que vienen avisando de una cuarta ola desde febrero, pero que no llega nunca. Aunque hablaremos después sobre ello.

Mis previsiones es que la mascarilla al aire libre desaparezca en el mes de junio. Seguramente a mediados. Al menos es lo lógico. También creo que, a mediados de septiembre o, como mucho, a principios de octubre, todas las restricciones habrán desaparecido. Puede que queden las mascarillas en interiores para usos de carácter más bien prescriptivo, como centros comerciales o médicos, pero incluso en este caso a principios de otoño también creo que deberían decaer.

Entre tanto, está la cuestión del ocio nocturno. Creo que va a ser un índice de medición de cómo está la situación. Algunas asociaciones ya han avisado de que la mascarilla será innegociable, pero en la práctica será muy complicado. Sin embargo, es muy probable que se combine con otras medidas como los test de antígenos.

Volviendo al tema de las mascarillas, hay que tener algo muy en cuenta, y es que la legislación es muy lenta. Tanto es así que la reciente Ley que exige la mascarilla en cualquier uso exterior, ha llegado nueve meses después del Real Decreto Ley 21/2020. Las comunidades autónomas no pueden hacer nada en este sentido, pero sí pueden sugerir a sus cuerpos policiales que, a quienes no lleven mascarillas en el exterior, que no les multen. Y yo creo que es algo que ya está pasando.

El alarmismo y los titulares empapados de miedo han sido una constante. ¿Por qué se ha gestionado así la pandemia desde tantos sectores?

El alarmismo desaparecerá, seguro. Pero ese miedo y esa necesidad de azuzar el subconsciente ha ido por tres vías.

La primera es la de los ciudadanos que tienen miedo y que son víctimas de la campaña de terror, y a quienes les va a durar una temporada, hasta que las aguas se amansen del todo; luego están los políticos que piensan en qué es lo que les da votos, lo que les genera popularidad… y si en este momento lo que lo genera es mantener cierta presión con las medidas, pues así lo harán.

La tercera son los medios. A mí me siguen contactando «negacionistas», o defensores de teorías de la conspiración, que tratan de llevarme a su terreno diciendo que esto está preconcebido etc. No es así, pero la realidad mediática está marcada por dos aspectos. Por un lado, la agenda setting: cuando un tema forma parte de la crónica habitual, todos quieren incorporarse a ella para no quedarse fuera.

Y por otro la presión, que existe. No significa que haya censura, la presión es algo legítimo en el ejercicio de libertad de prensa en función de quiénes sean tus accionistas o tus clientes. Pero, en un contexto en que la prensa ha recibido una fuerte inyección de dinero público para hacer frente a esta situación, lógicamente también se les ha presionado para que cuenten la pandemia de una determinada forma.

Y así, tenemos cientos de titulares en los que se avanza una cuarta ola, que los hospitales se llenarán de gente joven, que hace falta un confinamiento severo… Y al final nada de eso se confirma. Es lo más parecido a un “reloj parado”, que siempre da la hora correcta dos veces al día. Si tú te dedicas durante mucho tiempo a lanzar determinados mensajes, en una pandemia que tiene un comportamiento estacional muy identificable, al final, aciertas.

Todos los programas de televisión, periódicos… cuentan con opiniones de «expertos médicos», no necesariamente virólogos o epidemiólogos. ¿Cómo han influido en el desarrollo de los acontecimientos?

Yo, por supuesto, no niego la profesionalidad de sus opiniones. De hecho, mi hermano y mi cuñada son médicos. Y sé que todos los médicos y enfermeros de este país han pasado momentos durísimos durante las tres primeras olas. Pero eso no quiere decir que todas las ramas médicas puedan ostentar la condición de “expertos” sobre este tema, ni que a todos se les puedan atribuir el papel de expertos solo por ser profesionales de esa carrera. Porque lo que sí saben hacer muy bien es comunicar, y determinado tipo de mensajes. Y creo que, a la mayoría, desgraciadamente, esto les va a pasar factura.

«Estoy convencido de que habrá consecuencias»

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¿Debe haber consecuencias para quienes, sabiendo el poder de influencia que tienen, han mandado mensajes de miedo y alarma?

Va a tener consecuencias sobre ellos y sobre su reputación. Yo soy alguien que cree en la sociedad y en la inteligencia de la gente, y ésta se sobrepondrá a todo esto, pasándoles una importante factura a nivel reputacional.

Me fastidia en algunos casos, como el de Margarita del Val. Ella es una científica “como la copa de un pino”, una profesional enorme. He trabajado transcribiendo sus conferencias y era un placer hacerlo, porque era conocimiento en estado puro. Creo que ella sabe muchísimo, pero se ha dejado llevar no sé si por la fama o por algún otro interés.

Y en cuanto a las consecuencias, no es que creo que pueda haberlas, es que estoy convencido de que las va a haber. Son demasiadas las incongruencias que hay entre las medidas adoptadas, los derechos fundamentales recortados y los resultados que han tenido en las curvas pandémicas.

En este sentido, estoy convencido de que ya se conocían los resultados antes de adoptarlas, porque seguro contaban con expertos que les asesoraban. Aun así, se tomaron con un cariz político, el de cubrirse las espaldas para que nadie pueda decirle nunca que no tomaron las medidas adecuadas.

Basta con que alguien esté dispuesto a emplear su tiempo y patrimonio para poner en marcha una, digamos, entidad, formada por periodistas independientes, profesionales de la investigación y de la medicina, juristas…, para llevar a juicio a mucha gente. Y estoy convencido de que va a pasar. Tanto es así que, si algún filántropo decide ponerlo en marcha, yo me ofrecería a formar parte de ese equipo. Pero no con ánimo de venganza, sino porque creo en algo básico en Derecho que es el concepto de Justicia. Ésta es básica en democracia, porque implica la restitución de un valor perdido, no una venganza. Si se ha producido un daño, debe haber una forma en que se restablezca al máximo ese daño que se ha producido.

El ya mencionado aviso de la cuarta ola, la imposición de medidas draconianas incluso con incidencias bajas… ¿Por qué en vez concienciar a la ciudadanía se busca más el mensaje del miedo?

Yo lo atribuyo a una cadena de contagio de pánico sin precedentes en la historia de la humanidad. Esto, en gran parte, se ha producido porque somos más sabios que nunca, conocemos más que nunca y podemos identificar mejor que nunca nuevas amenazas para la salud. Si esto se hubiera producido hace cincuenta años, hubiera sido una gripe “muy jodida” que nos ha dejado más muertos que nunca antes. Y ya, no habría pasado de ahí. Y no es una gripe. Esto ya lo sabemos, porque es verdad que parece que deja más secuelas que otros virus más comunes, pero igual que lo han hecho otros a lo largo de la historia.

Luego está la vertiente de las teorías de la conspiración. Yo creo que he leído todas las que rodean a este virus, y comparto únicamente una cosa con ellas, la de la denuncia de las normas sin sentido que se han impuesto para combatirla, así como en la de la sensación de estar viviendo una distopía. Pero hasta ahí.

¿Qué decir a la gente que aún no se fía de las vacunas?

Me consta que hay gente que históricamente se ha fiado de las vacunas y que, de pronto, con esta tiene miedo. «Porque son tratamientos experimentales, que no se han probado lo suficiente»…

Yo no soy especialista médico, por lo que no puedo hablar desde la ciencia. Lo puedo hacer desde lo mucho que he leído para considerar que son suficientemente seguras. Lo importante en el desarrollo de la vacuna no es que unas hayan tardado diez años y ésta apenas unos meses. Normalmente tardan lo mismo, pero tienen mucha más falta de capital para probarlas en grupos de control etc., como sí se ha hecho con éstas, porque, literalmente, ha sobrado el dinero para su desarrollo e investigación.

Y, por último, es imposible que exista un complot a nivel mundial de todos los sanitarios del planeta para que digan que las vacunas son buenas siendo malas. Todas las vacunas tienen efectos adversos, todas tienen complicaciones, y éstas han sido de las más seguras que ha habido en la historia de la medicina. Creo que renunciar a ellas es tirarnos piedras contra nuestro propio tejado.

«La sanidad y la educación son intocables»

Un último mensaje para lo que nos queda por delante…

Lo que nos espera es una vuelta a la normalidad. Hay quien afirma que no vamos a “volver a lo de antes” porque el virus tendría vías de reinfección. Salvo este escenario (que habrá que esperar a ver), sí volveremos a lo de antes. Y va a ser épico. Va a haber mucha necesidad de contacto, de rehumanización de la sociedad.

¿Qué es lo que debemos aprender de todo esto? Que hay conceptos de gasto público que son intocables, entre ellos la sanidad y la educación. También que no podemos reaccionar a una pandemia desde el pánico. Debemos hacerlo desde la normalización de la situación y desde la asunción de responsabilidades desde la libertad, para que todo sean recomendaciones de uso. Si la gente está informada con transparencia, la gente actuará responsablemente. Siempre habrá quien no lo cumpla, pero no podemos encerrar a toda la población porque haya un 1%, incluso un 10%, que no acate sus responsabilidades. Eso sigue siendo una minoría. Y una sociedad madura y adulta busca la manera de que esas minorías no incidan y se comprometan con el colectivo, en lugar de echarse en manos de las administraciones públicas para que todo quede prohibido, por esa minoría que no cumple.

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