Opinión

Cifuentes y el valor de la palabra

Álvaro Ballarín|Madrid|21 de Febrero de 2017, 10:00

Y si alguna figura destaca por encima de las demás, y en un tiempo convulso como el actual, es Cristina Cifuentes.

Tras la grave crisis de crédito público que durante los últimos años ha sufrido la clase política en general, la mejor contribución que se le puede hacer a este digno trabajo que es el servicio público, desde quienes nos dedicamos temporalmente a él, es dignificarlo desde el ejemplo. Y si alguna figura destaca por encima de las demás, y en un tiempo convulso como el actual, es Cristina Cifuentes.

Desde el día que anunció el programa electoral con el que se presentó a la Presidencia de la Comunidad de Madrid, Cifuentes asumió que los 300 puntos ahí incluidos eran las cláusulas de un contrato que desde ese momento contraía con todos y cada uno de los madrileños. Pero lo importante no es lo que ahí se incluyó, sino que ese programa-contrato se ha convertido desde el primer momento en la espina dorsal de la acción política diaria del Gobierno regional del Partido Popular. Tanto es así que antes de llegar al ecuador de la Legislatura ya se ha dado cumplimiento o se está tramitando más del 83% de las propuestas, una cifra sin parangón.

Es cierto que el Partido Popular siempre se ha caracterizado por su previsibilidad, porque cumplimos lo que prometemos, y el mejor ejemplo de ello es la gestión de Mariano Rajoy al frente del Gobierno cuando la crisis económica nos azotaba con mayor virulencia. Sin embargo, tomar medidas de gran calado en los primeros meses de la legislatura demuestra que lo importante no era adoptar esas decisiones pensando en los posibles réditos electorales, como se hace desde otros partidos en otras instituciones, sino cumplir con la palabra dada y hacerlo cuanto antes, pues se proponen sabiendo el efecto positivo que tendrá sobre los madrileños, y nuestra intención es que sus beneficios se disfruten cuanto antes. Para ello, eso sí, es necesaria cierta valentía política.

Por si lo anterior fuera poco, hace apenas un año Cifuentes añadió a su responsabilidad institucional el encargo de dirigir la Gestora del Partido Popular de Madrid tras la dimisión de Esperanza Aguirre como Presidenta. En el propio hecho de la aceptación Cifuentes asumió este mandato como transitorio, comprometiéndose a que lo antes posible se convocaría el Congreso en el que fueran los afiliados, con su voto directo, los que decidieran la nueva dirección política de nuestra organización y que ella, en caso de que decidiera presentarse como candidata, dimitiría previamente de su nuevo cargo, asegurando así la neutralidad del proceso de elección de la nueva Presidencia. 

Y, una vez más, las palabras entonces pronunciadas se han convertido en hechos. A pesar de las críticas públicas, no muy bien explicadas, de algunos compañeros, y tras el reciente cónclave nacional, el Congreso Regional del Partido Popular de Madrid se celebrará en la primera fecha posible y, lo más importante, bajo la fórmula de “un afiliado, un voto”, compromiso que la Presidenta había adquirido en el Pacto de Investidura y con todos los afiliados del PP de Madrid al hacerse cargo del partido. Esto, unido a su dimisión al frente de la comisión gestora, pone de manifiesto la coherencia de su comportamiento, pues tanto en el partido como en el gobierno regional, cumple con sus compromisos.

Frente a las luchas intestinas por el poder que se dan en otros partidos y las declaraciones grandilocuentes de ciertos populismos de izquierda y derecha que se lleva el viento, el Partido Popular y, más especialmente, Cristina Cifuentes, siguen siendo garantía de cumplimiento, pues los hechos demuestran que su palabra tiene, como en los antiguos contratos, valor de ley.

Álvaro Ballarín es el Portavoz de Economía y Hacienda del PP en la Asamblea de Madrid

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